lunes, 27 de agosto de 2012

Racismo en México




             -Acabo de leer un libro aterrador.

            -¿No será "La Momia" de Anne Rice?

-No, nada que ver con momias, es un libro de historia, sobre nuestro país. Se trata de un libro de terror en serio, aunque algo nos dice de lo que puede engendrar una cultura oficial equivocada: se trata de "El Movimiento Antichino en México  (1921-1934)" de Jorge Gómez Izquierdo,  y fue editado en 1992.
            -Se refiere a esa zona negra de la historia de México que es la violencia racial que los mexicanos ejercemos sin confesarlo.
             -Hay, en efecto, una historia oculta, que se puede iniciar en las guerras contra los indígenas en el siglo XIX y se extiende hasta, por ejemplo, el trato que se dio a los chinos en Sonora y Sinaloa hasta hace unas cuantas décadas.


     -Indigna el desprecio con que la casta divina yucateca insultó a los mismos chinos a quienes contrataba para explotar en las plantaciones henequeneras, pero aterroriza la manera como el norte del país debutó en la revolución con la tropa maderista matando en unas horas a 303 chinos en Torreón (15 de mayo de 1911). En Sonora, ya en los veinte, la persecución de chinos se elevó a ley estatal, prohibiendo incluso los matrimonios entre chinos y mexicanos; los abusos no tenían límite, desde el linchamiento hasta el saqueo y apropiación de los bienes de los chinos.
            -Según el libro, la ola más alta terminó en 1934, sin explicar muy bien por qué ni qué ha pasado después. Y eso después de que gobernadores como el de Aguascalientes, Francisco Reyes Barrientos, prohibía los matrimonios mixtos y el presidente del país, Plutarco Elías Calles, alentó a las ligas Pro-raza.
             -En el antichinismo hubo de todo: en el siglo XIX, al chino se le emparentó con el indio como agente enemigo de la modernización que ya entonces hacía babear a la clase dirigente; después de la revolución, se le vio como el invasor, el fuereño que al menor logro se le advertía como alguien que había robado la oportunidad de triunfar a un local. Se imitó a la  xenofobia antichina estadounidense, se acudió a la formación de asociaciones civiles eminentemente fascistas, se expulsó, se robó, se mató, de Ensenada a Matamoros.

             -Yo creo que el antichinismo ya terminó, pero, ¿qué me dices  de  los campos de concentración donde el Gobierno retuvo  a los japoneses residentes en México durante la Segunda Guerra Mundial?

-Con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, entre diciembre de 1941 y otoño de 1945 los miembros de la colonia japonesa en México se vieron obligados a reportarse en las oficinas de la Secretaría de Gobernación para registrarse y ser enviados a departamentos o granjas con el propósito de ser vigilados.
-Se desconoce con precisión el número de personas de origen nipón que vivían en el país, entre residentes, naturalizados o ilegales, aunque el estimado es de 6,000.
-En su mayor parte se dirigieron a la Ciudad de México o Guadalajara, y hubo campos de concentración en Celaya y el estado de Querétaro.
-Dado que las relaciones entre Japón y México hablan sido buenas hasta el inicio de la guerra, el trato que recibieron por lo general fue respetuoso, sin embargo muchos sufrieron el abuso de autoridades durante su traslado a los puntos de reunión, en especial por extorsiones y sobornos.
            -Todos recibieron ayuda del Comité de Ayuda Mutua, conocido en japonés como Kyoeikai, organizado por su embajada.
            -Quienes estuvieron en la capital vivieron en un edificio de la colonia Santa María la Ribera y cinco casas de dos pisos de Tacuba, además de la hacienda Batán, ubicada en la Magdalena Contreras, al sur de la ciudad; no eran vigilados, aunque debían registrarse a diario y seguir ciertas normas impuestas por la Secretaria de Gobernación.
            -En la ex hacienda de Temixco, Morelos, cerca de Cuernavaca, fueron concentradas unas 600 personas, y aunque vivieron con ciertas limitaciones, las labores en el campo les permitieron satisfacer sus necesidades elementales.
-Las restricciones disminuyeron de manera paulatina, y muchos encontraron trabajo en otras ciudades.
-Aunque su experiencia no fue tan penosa como los japoneses en Estados Unidos, la pérdida de sus negocios y separación familiar tuvo un fuerte impacto.
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Gustavo García
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