domingo, 30 de diciembre de 2012

Incursión Asesina a Panamá



(extracto)

El sensacionalismo de EE.UU. sobre armas de destrucción masiva: Cinco invasiones, tres continentes, mentiras idénticas de Panamá a Yugoslavia, Irak, Libia y Siria

Global Research
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“No comprendo esta gazmoñería sobre el uso de gas. Hemos adoptado definitivamente la posición en la Conferencia de Paz de argumentar a favor de la retención del gas como un método permanente de guerra… Estoy fuertemente a favor de utilizar gas tóxico contra tribus incivilizadas”. (Winston S. Churchill, 1874-1965, del acta del War Office, 12 de mayo de 1919.)
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Este mes se cumple el vigésimo tercer aniversario de la invasión de Panamá por EE.UU. el 20 de diciembre de 1989, mientras los panameños preparaban sus celebraciones de Navidad. Una rápida búsqueda nos recuerda que el difunto Philip Agee recordó que el presidente George H.W. Bush dijo al pueblo estadounidense que la amenaza de Panamá (población: 3,571,185 – 2011) era tan grande que “nuestro modo de vida está en juego”. Agee se refirió a esto en su conferencia acertadamente llamada “Produciendo la crisis adecuada” .

El objetivo de la invasión era capturar al dirigente del país, general Manuel Noriega y, por supuesto, “establecer un gobierno democrático”.

Cambio de régimen.

Con la próxima transferencia del control del Canal de Panamá a Panamá (programada originalmente para el 1 de enero de 1990) después de un siglo de administración colonial estadounidense, EE.UU. quería asegurarse de que estuviera en manos de aliados dóciles.

Noriega, un activo de la CIA desde 1967 quien también había asistido a la tristemente célebre Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia, llegó al poder con el respaldo de EE.UU., pero aparentemente su apoyo a EE.UU. se debilitaba. Para resumir una larga historia, EE.UU. lo secuestró y lo condenó a cuarenta años de cárcel.

Los planes de invasión se llamaron: “Operación Devocionario”. Después fue rebautizada “Operación Causa Justa”, y el general Colin Powell comentó que era un sobrenombre de lo que él aprobó ya que “Incluso nuestros críticos más duros tendrían que decir “Causa Justa” al atacarnos”. (Colin Powell, con Joseph E. Persico: My American Journey, 1995.)

Todo el pillaje militar debería llamarse simplemente: “Operación Nombre Estúpido 1, luego 2, 3, 4, etc., hasta que se acabaran los números.

27,000 soldados estadounidenses apoyados por helicópteros Apache diezmaron gran parte del pequeño país, con una fuerza de defensa de solo 3,000. George Bush padre, dijo que se trataba de derrocar a un maligno dictador que estaba abusando de su propio pueblo (¿suena conocido?) y que la acción era necesaria para “proteger vidas estadounidenses”. También se trataba de “defender la democracia y los derechos humanos en Panamá” y de “proteger el Canal”.

¡Qué sorpresa! ¿Verdad?

Manuel Noriega fue liberado de la cárcel estadounidense en 2007, extraditado a Francia que le había otorgado el máximo honor del país, la Legion d’honneur en 1987.

Permaneció en la cárcel en Francia hasta diciembre de 2011, y fue devuelto a Panamá, donde todavía está en la cárcel.

En la casi olvidada diezma de Panamá (a menos que se sea panameño) el densamente poblado, empobrecido corregimiento de El Chorrillo fue incinerado por las acciones de EE.UU. en tal medida que se denominó “Pequeña Hiroshima”.

Una mujer acusó de que “Los norteamericanos comenzaron a quemar El Chorrillo cerca de las 6:30 de la mañana. Lanzaban un pequeño artefacto a una casa y se incendiaba, luego iban a otra, quemaban de una calle a la siguiente, coordinando los incendios con radio-teléfonos portátiles”.

Según las informaciones un soldado estadounidense declaró:

“Pedimos que os rindáis… si no lo hacéis, estamos dispuestos a arrasar todos y cada uno de los edificios”.

“Disparaban a todo lo que se movía”, dijo un residente de la ciudad.

Los muertos fueron enviados a fosas comunes y los testigos declararon que los soldados estadounidenses usaron lanzallamas contra los muertos, y señalaron que los cuerpos se retorcían al arder. Otros fueron nivelados con excavadoras.

“De los años cuarenta a los noventa, EE.UU. utilizó varias partes de Panamá como terreno de pruebas de armas químicas, incluyendo gas mostaza, VX, sarín, cianuro de hidrógeno y otros gases neurotóxicos… en minas, cohetes y obuses; tal vez decenas de miles de municiones químicas”. (William Blum: Rogue State, 2002).

Además, al partir de Panamá a finales de 1999 dejaron “muchos sitios que contenían armas químicas. También habían: “realizado pruebas secretas de Agente Naranja en Panamá…” En la invasión de 1989, la aldea de Pacora, cerca de Ciudad de Panamá: “fue bombardeada con (productos químicos) por helicópteros y aviones del Comando Sur de EE.UU., con sustancias que quemaban la piel, causaban intenso dolor y diarrea”.

Muchos analistas pensaron que Panamá fue el terreno de prueba para Irak.
Nueve meses después del envenenamiento de Panamá, en el Día de Hiroshima de 1990, las Naciones Unidas impusieron el estrangulador embargo contra Irak impulsado por EE.UU., una vez que la embajadora de EE.UU. en Irak, April Glaspie, dio luz verde para que Sadam Hussein invadiera Kuwait, después de la considerable provocación y desestabilización financiera y geográfica de Kuwait.
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Felicity Arbuthnot es una periodista con profundos conocimientos de Irak. Es autora, con Nikki van der Gaag, de la serie “Baghdad in the Great City” para World Almanac Books. Ha sido también investigadora en dos documentales premiados sobre Irak: “John Pilger’s Paying the Price: Killing the Children of Iraq” y “Denis Halliday Ret
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