lunes, 2 de febrero de 2009

50 millones hablan español en Estados Unidos

José Ma. Ansón:

Estados Unidos es ya el segundo país hispanohablante del mundo tras México.
Casi 50 millones de personas se expresan en español, si contamos los inmigrantes irregulares.
Más de 6 millones de estudiantes están matriculados en castellano en los diversos niveles de la enseñanza pública.
La suma de todas las demás lenguas –francés, alemán, italiano, portugués, ruso, japonés, chino…– es inferior a la demanda de los estudiantes en español.
Las minorías hispanas en Estados Unidos ya no ocultan su origen.
Se sienten orgullosas del idioma que afirma su identidad cultural.
García Márquez ha declarado que considera a Estados Unidos un país bilingüe.
Más de 450 millones de personas hablan español en todo el mundo.
Es una cifra apabullante. Francisco Moreno y Jaime Otero han publicado un impresionante Atlas de la lengua española en el mundo.
En Brasil, el gigante iberoamericano, el estudio de la lengua de Neruda y García Lorca es oficial.
En Suecia, Noruega, Alemania, Japón, Corea o China, por citar sólo ejemplos relevantes, el español es el segundo idioma que se estudia, después del de Shakespeare y Bernard Shaw.
El inglés es la lengua franca del mundo y representa tal vez al 70% como idioma internacional.
El español figura destacado en el segundo puesto.
Como lengua nativa, el castellano es ya la primera por delante del inglés porque el chino no es un idioma internacional y además resulta difícil desenmarañar la madeja dialectal de aquella inmensa nación.
Ese dato revelador del español como lengua nativa internacional más hablada del mundo lo recoge Ángel López García en un libro científico copiosamente documentado.
Ángel Martín Municio dirigió, antes de fallecer, un estudio para la Fundación Santander en el que se llega a una conclusión reveladora: la lengua castellana genera económicamente para España el 15% de nuestro producto interior bruto, lo que la instala entre los renglones más robustos de la economía nacional.
Rogelio Blanco me ha enviado libros reveladores en esta línea, así como los estudios de Juan Carlos Jiménez y Aránzazu Narbona.
Además de constituirse como el gran tesoro cultural de nuestra nación, resulta que el idioma español se ha convertido en un excelente negocio.
Está claro que ese factor, que tiene sin duda alta importancia, a mí me importa mucho menos que la dimensión cultural.
El catalán es un bellísimo idioma español hablado por 3 millones de personas, un vaso de agua clara, según la expresión de un escritor andaluz, cuando la lengua de Pla sufría persecución dictatorial.
El castellano es otro bellísimo idioma español hablado por 450 millones de mujeres y hombres en todo el mundo, entre los cuales están los 7 millones que viven en Cataluña.
Todos estos datos que acabo de resumir convierten en una soberana estupidez el acoso que el castellano sufre en estos momentos en Baleares, Cataluña, País Vasco y Galicia.
Nacionalistas trasnochados y decimonónicos están haciendo un daño gravísimo a los escolares de estas regiones porque el conocimiento de la lengua castellana es un vehículo utilísimo de comunicación internacional.
Con tal de acumular nuevas parcelas de poder, grupúsculos de políticos voraces no vacilan en perjudicar a sus conciudadanos.
¡Qué error, qué inmenso error! La estúpida persecución del castellano lesiona la cultura en su entendimiento más profundo, limita el desarrollo económico de las nuevas generaciones, fragiliza la creación artística, oscurece el trabajo de investigación en el mundo de la ciencia y la Universidad.
No se trata, en todo caso, de defender el idioma español, que se defiende solo.
Se trata de defender el derecho fundamental del ciudadano a educar a sus hijos en la lengua vehicular de España.
En los dos últimos años he dedicado esta página, al menos en cinco ocasiones, a exponer la realidad cultural del español y a denunciar la persecución de la que es víctima.
Me alegra infinito que se haya puesto en marcha una campaña en este sentido, con Vargas Llosa al frente, y tengo la esperanza de que no se politice.
La lengua española no es un arma arrojadiza para arremeter con ella contra el partido rival y llenar así la cesta de los votos.
Es un derecho cívico, un torrente de agua clara, una maravillosa realidad cultural de la que tenemos la suerte histórica de disfrutar cerca de 500 millones de hispanohablantes.
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