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sábado, 19 de marzo de 2016

Soy Un Caso Perdido


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SOY UN CASO PERDIDO



Mario Benedetti

Por fin un crítico sagaz reveló 
(ya sabía yo que iban a descubrirlo)
que en mis cuentos soy parcial
y tangencialmente me exhorta
a que asuma la neutralidad
como cualquier intelectual que se respete

Soy parcial
de ésto no cabe duda
más aún yo diría que un parcial irrescatable
caso perdido en fin.
ya que por más esfuerzos que haga
nunca podré llegar a ser neutral.

en varios países de este continente  
especialistas destacados

han hecho lo posible y lo imposible
por curarme de la parcialidad
por ejemplo en la biblioteca nacional de mi país
ordenaron el expurgo parciao
de mis libros parciales.

en argentina me dieron cuarenta y ocho horas 
“y si no me mataban) para que me fuera
con mi parcialidad a cuestas
por último en Perú incomunicaron mi parcialidad
y a mi me deportaron

de haber sido neutral
no habría necesitado 
esas terapias intensivas
pero qué voy a hacerle
soy parcial
incurablemente parcial
y aunque puedo sonar un poco extraño 
totalmente parcial
Ya sé.
eso significa que no podréi aspirar
a tantísimos honoeres y reputaciones
y preceas y dignidades
que el mundo reserva para los intelectuales
que se respeten,
es decir, para los neutrales,
con un agravanate,
como cada vez hay menos neutrales,
las distinciones 

se reparten
entre poquísimos.
después de todo y a partir
de sus confesados limiaciones debo reconocer quea esos pocos neutrales
les tengo cierta admiración
o mejor les reservo cierto asombro
ya que en realidad se precisa un temple de acero
para mantenerse neutral ante episodios como
     Girón,
            Tlateloco,
                       Trelew,
                               Pando,
                                La Moneda.
es claro que uno,
y quizá sea esto lo que quería decirme el crítico,podría ser parcial en la vida privada 
y neutral en las bellas letras
digamos indígnarse contra Pinochet
durante el insomnio
y escribir cuentos diurnos.
sobre la  Atlantida
No es mala idea
y claro
tiene la ventaja
de que por un lado
uno tiene conflictos de conciencia
y eso siempre representa
un buen nutrimento para el arte
y por otro no deja flancos para que lo vapulee

la prensa burguesa y/o neutral
no es mala idea,
pero,
ya me veo descubriendo o imaginando 
en el continente sumergido
la existencia de oprimidos y opresores
parciales y neutrales
torturados y verdugos

o sea la misma pelotera:
Cuba sí y yanquis no
de los continentes no sumergidos
de manera que
como parece que no tengo remedio
y estoy definitivamente perdido
para la fructuosa neutralidad
lo más probable es que siga escribiendo
cuentos no neutrales
y poemas y ensayos y canciones y novelas
no neutrales
pero advierto que será así
aunque no traten de torturas y cárceles
y otros tópicos que al parecer
resultan insoportables a los neutros

Será así, aunque traten de mariposas y nubes y duendes y pescaditos.
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viernes, 18 de marzo de 2016

No Queremos ser Liberados


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NO QUEREMOS SER LIBERADOS



Mario Benedetti

Cuando a Estados Unidos le vienen las fiebres de liberación, en todas partes (y particularmente en el Tercer Mundo) suenan las alarmas. 

Después de cada una de esas cruzadas, y a la vista de los escombros liberados, los sobrevivientes del salvataje no siempre se muestran agradecidos. 

Para liberar a Panamá de las garras (afiladas en el pasado por la CIA) del general Noriega, las pragmáticas tropas estadunidenses se vieron dolorosamente obligadas a matar a tres mil panameños, a destruir totalmente el barrio El Chorrillo y prometer al fiel presidete Endara una ayuda financiera y restauradora que aun esta por llegar.

Cuando la Unión Soviética y el bloque del Este dejaron de representar el tan anunciado peligro, y los países del ex Pacto de Varsovia se apuraron a liberarse antes de que llegaran los libertadores de siempre el Departamento de Estdo paso momentos de verdadera angustia al no tener a nadie a quien liberar pero, afortunadamente para los intereses imperiales Hussein se acordó de la historia zonal (aunque se olvidó del desenlace de las Malvinas) y se propuso invadir Kuwait, no sin antes avisar a la embajadora estadounidense en Bagdad que había decidido dar ese mal paso.

  La diplomática le juró sobre la Biblia que si ello acontencía, su gran nación no iba a intervenir (acaso Irak no había sido su aliado contra el satánico Jomeini)  con ese inesperado aval, el futuro “emulo de Hitler” se le acabaron las dudas y se metió en Kuwait. 

Ante esa brutal agresión el emir Kuwaiti Ahmed el Sabah se vió obligado a interrumpir su discreta cuota anual de recien aleccionante degüellos y buscó urgentemente algún refugio de cinco estrellas. 

Verdaderamente, un mal paso el de Hussein, Bush respirió tranquilo: ya había algo o alquien a quien liberar. Y Kuwait fue exhaustivaamente liberado.

Hoy, ya expulsado el invasor árabe, los kuwaities se agregan a la lista de contempladores de escombros propios y quizá valoren cuánto mejor habría sido negociar. 

El expeditivo general Schwarzkopf quería que la liberación alcanzara también a los kurdos, pero estos tuvieron la mala idea de empezar a morirse de hambre, de frío, del cólera y de la cólera. 

En Panamá, las tropas estadunidenses ofrecían seis dólares por cadáver sepultado, pero quizá en esta guerra sucia los cadáveres no alcancen esa cotización.

¿Será que si el Nuevo Orden Internacional empieza con un flagrante desorden? ¿Se tratará de un Nuevo Orden o de una Nueva Orden? Por ejempo: apunten, fuego, o tal vez media vuelta a la derecha. Sin duda esta útima orden ha sido obedecida, en diversas naciones, por mlitares y gobernantes, por conservadores y hasta por socialdemócratas, que también se han replegado en buen orden (internacional).

Sin solución de continuidad el mundo pasó de la Guerra Fría a la Guerra Sucia. 

Una mañana, al despertar, nos encontramos con que ya no había Segundo Mundo, ya que había pasado a ser furgón de cola del Primero. Ahora sabemos que el abismo entre el Primer Mundo y el Tercero es cada día mayor tal vez porque nadie se ha ocupado de proveer esa vacante dejada por el Mundo Dos.

Hay quien dice que el Nuevo Orden Internacional será otra Yalta, pero en aquella denostada reunión hubo por lo menos tres protagonistas, mientras que este nuevo Yalta será un monólogo bushiano (ni siquiera estará Thatcher para hacer de PARTENAIRE) o acaso un réquiem por la pobre ONU, creada en 1945 para preservar la paz y limitada hoy a respaldar la guerra. 

Una de las mayores tristezas de este siglo de imágenes fue contemplar a Javier Pérez de Cuéllas, secretario general de la ONU, volando de aquí para allá y viceversa, como recadero de una poderosa nación que durante largos periodos se negó a pagar su obligactoria contribución a la Organización de Naciones Unidas. 

Es cierto que la ONU es sólo lo que sus miembros quieren que sea, pero esta vez lo decidió el Consejo de Seguridad, que actuó y resolvió (también el veto ha fenecido) como una vergonzonante agencia del Departamento de Estado.

Este final de siglo confirma que la tan mentada PAX AMERICANA es apenas un seudonimo de CASUS BELLI. 

En los últimos 50 años, a Estados Unidos nunca le interesó la consolidación de la paz. Su mayor concesión ha sido hasta ahora la GUERRA FRIA, ya que esta le permite seguir vendiendo armas, que en definitiva es su industria prioritaria.

Cada vez que aparece en el horizonte de la política internacional una propuesta de paz a corto o largo plazo, los estadunidenses hallan siempre un motivo para liquidarla. 

Si bien Brejnev y Carter firmaron en 1979 el tratado SALT II, el Congreso estadunidense nunca lo ratificó. 

Cuando, en plena crisis (todavía no GUERRA) del Golfo, Gorbachov y hasta el aquiescente Miterrand, intentaron presionar para que se siguiera negociado, con el fin de evitar la confrontación armada, Bush rechazó tajantemente el sondeo pacificador y resolvió IPSO FACCTO la invasión. 

Esa es la tradición estadunidense, que incluye antecedentes tan reveladores como Hiroshima o el bombardeo a Libia, además de Santo Domiingo, Granada, Panamá, E TUTI QUANTI.

Incluso las palabras Nuevo Orden traen el recuerdo ominoso (y nada casual) de antiguos sinonimos, “Somos los padres del Nuevo Orden”, dijo un eufórico Bush. ¿Ah si? Y los abuelitos). No faltará un mal pensado que traiga a colación el ORDINE NUOVO de Mussolini y el NEUE ORDNUNG de Hitler.

  Es obvio que ni los derechos humanos ni la vigencia democrática fueron acicates prioritarios para desencadenar la TORMENTE DEL DESIERTO. 

Nada hay menos democrático que los monarcas petroleros del Pérsico, amigos entrañables de Estados Unidos que suelen ajusticiar en la plaza pública a ladrones, criminales y adúlteros. 

Ni siquiera el famoso petroleo fue un motivo tan relevante como se proclama. Si lo fue la voluntad expresa de mostrar, tanto al Tercer Mundo como a sus viejos y nuevos aliados europeos, que desde ahora el que ordena, invade y dicta la ley es Estados Unidos, y punto. 

Desaparecido el riesgo de una confrontación más o menos equilibrada con la Unión Soviética, todo resulta más fácil en la carrerra hegemónica. 

Si Irak, insistentemente pregonado como el cuarto poder militar del orbe, nada pudo hacer contra las armas supersofisticadas del Pentagono, ¿que pueden pretender los países pequeños, subdesarrollados, endeudados y hambrientos del Tercer Mundo? 

El jefe del estado mayor conjunto de las fuerzas armadas estadunidenses, general Colin Powell, acaba de anunciar que no desearía una intervención militar estadunidense en El Salvador “si es necesario para defender la libertad”. Es decir, que El Salvador puede ser el próximo país a ser liberado. No habrá muchos riesgos. 
El Salvador, la nación más pequeña de América, sólo tiene 21 mil kilómetros cuadrados de superficie, de manera que no es probable que el Pentágono necesite, como en el golfo, el apoyo logístico de 29 países para liberarlo. 

Estas liberaciones siempre constituyen un buen negocio   armamentístico empresarial: las armas destruyen, las empresas reconstruyen.

Samuel Huntington dijo hace tiempo (lo menciona Bud Flakoll en un reciente reportaje), con sencillo cinismo: ”Demasiada democracia es mala”. ¿Para quién? ¿No será mala demasiada soberbia? Después de todo, tal vez Hussein haya sido  un barbaro titere que involuntariamente se prestó (trayendo destrucción y muerte a su propio pueblo) a un descomunal ejercicio de soberbia. Poco lúcido, y sobre todo poco líder. Su hipocresia casi vocacional le arrastró a una práctica del ridiculo, poco menos que inédita en la historia de las conflagraciones, que le hizo desperdiciar la ocasión de liderazgo que necesitaba el mundo árabe. Su irrefrenable locuacidad le llevó a seguir proclamando su victoria en el mismo instante en que que sus tropas retrocedían a grito pelado.
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viernes, 26 de febrero de 2016

Desfanatización


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DESFANATIZACIÓN



                        Alfonso R. Carrillo

Ya no vayas al templo con traje enlutado,
a buscar penitente del alma la paz;
 
Ya no reces a santos de palo tallado:
Son fetiches tan sordos que no oyen jamás.
 
Ya no pierdas el tiempo con ese rosario,
Balbuciendo plegarias que al aire se van,

Ya devota no vayas al confesionario,
Que los curas te piden, mas nunca te dan.

Las novenas que vas a la noche a rezar,
Esas misas que vas los domingos a ir,

Sólo tiempo precioso te harán malgastar,
    Pues provecho ninguno podrás recibir,

Ya no escuches al cura sus prédicas dar,
   Sus palabras son huecas, su acción es tan ruín

Que el cerebro te embota; y es necio escuchar
  Ya que nunca entendemos lo dicho en latín.

Y tu óbolo dar a mendigos te incita;
  Caridad te predica por cada sermón;

Pero nunca a los pobres se va de visita,
   A llevarles su ayuda y mostrar compasión.

Si te arracas del pecho todo escapulario
   Y a la lúgubre iglesia no vuelvas jamás,

Y si arrojas al fuego tu devocionario,
   Te pondrás más feliz, libertad gozarás.

Ya no asistas al templo con velo bordado,
   A buscar neciamente del alma la paz;

Ya no clames a estatuas de yeso vaciado,
   Pues son santos tan muertos que no hablan jamás.

No malgastes las horas tentando el rosario,
   Elevando oraciones que nunca se oirán;

 Ya ferviente no acudas al confesionario,
   Que los frailes te explotan, mas nada te dan.
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