domingo, 7 de febrero de 2016

El Papa Francisco


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EL PAPA FRANCISCO
  



FRANCISCO I

Sabina Berman

De la chimenea más famosa del planeta, la de la Basílica de San Pedro, emerge el humo blanco.

Una hora esperan las televisoras del mundo hasta que al balcón central del edificio emerge el sacerdote vestido de rojo para anunciar Habemus papam. cinco minutos más tarde emerge al balcón, vestido de blanco, Francisco I.

Primer Papa que asume el nombre del santo que se casó con la pobreza, Francisco de Asis.
Primer Papa nacido en América.
Primer Papa que ocupará el trono vaticano mientras otro Papa vive.
Primer Papa que no menciona al Espíritu Santo como su elector, sino a los cardenales que votaron por él en el clónclave recién cerrado.

Por fin, entre sus primicias, primer Papa que antes de bendecir a la multitud pide la bendición "del pueblo".

Novedades significativas o no, lo dirá el futuro, según correspondan o no a acciones novedosas del Nuevo Papa.

Sus retos pueden separarse en dos grupos.

El primer grupo lo ha dejado definido su antecessor.

Limpiar la curia, el cuerpo de burócratas y jerarcas de la Iglesia católica.

"El jardín de jabalíes y cuervos", los llamó sin gentileza Benedicto XVI.

Limpiar "la hipocresía de los obispos", lo llamó también.

Para más señas, como filtró un Obispo allegado al pontifice que se retira, reconociéndose insuficiente para la hazaña, enfrentar a "los transgresores del séptimo y el noveno mandamientos", es decir a los sacerdotes que fornican y roban.

Pero el reto de limpiar por dentro a la Iglesia católica es por mucho menor al reto externo que enfrenta Francisco I.

Como lo definieron los obispos brasileños: "El enemigo es la secularización del mundo".

El reto es el creciente número de ateos para los que el Viejo Relato Religioso carece de credibilidad o relevancia.

El reto es un Occidente, el lugar donde la Iglesia católica hunde sus raíces, en el que ese relato formado de metáforas y alegorías, milagros y ángeles, mandamientos y ritos milenarios provoca, en la mayoría de las poblaciones de las democracias capitalistas, una pura indiferencia.

-¿Cuándo dejó de importarle a Occidente ese Viejo Relato Religioso?

El desprendimiento de la conciencia de Occidente de Dios tiene fecha.

La publicaciónde un libro El Origen de las Especies, de Charles Darwin, en 1859, en la Inglaterra por entonces anglicana.

Desde su publicación, El Origen de las Especies fue reconocido por muchos como el Nuevo Relato de la Vida para una especie que dejaba atrás el lenguaje metafórico y avanzaba a explicarse la vida con un lenguaje puramente nominativo y científico. Durante un siglo y medio la influencia del Nuevo Relato Científico no ha dejado de expandir sus narrativa, de conquistar conciencias y de alargar sus implicaciones practicas.

Hoy en Occidente, aún quien nunca leyó El Origen de las Especies piensa la vida desde su óptica.

Incluso los que se declaran personas religiosas, viven su cotidianidad de acuerdo al Nuevo Relato del la Vida y no el Relato Religioso, porque su contexto así lo hace.

El Nuevo Relato no solo descarta al Génesis bíblico y da de la aparición de las formas vivas una mejor narración, por verificable.

Descarta la idea de que el mundo es perfecto.

Descarta que hay un plan difinido que enlaza nuestro pasado y nuestro porvenir de especie.

Descarta que el ser humano sea algo más que un animal que ha evolucionado de forma gradual.

Y descarta por fin a Dios, un controlador sobrenatural de la realidad.   

Siendo considerado Dios una ilusión, "en el siglo XX las ideologias materialistas colocaron en el lugar de Dios alguna meta arbitraria",  sentenció famosamente Juan Pablo II, y su descripción es justa,

 "Llegamos al siglo XXI con el dinero en el trono de Dios", pudo también haber agregado. El triunfo del capitalismo materialista es el triunfo de "un mundo pagano", "insolidario", "el reino del egoísmo individual" y de "la confusión moral" cito de la incierta memoria frases con las que Benedicto XVI se refirió al enemigo actual de la Iglesia.

El mundo desencantado, sin dioses ni milagros, sino catastrofes sobrenaturales, sin magia, como desde la otra línea de fuego la nombra el filósofo Morris Berman.
       
Un mundo individualista, en efecto, donde el individuo ha luchado y conquistado libertades inéditas en la historia de la especie.

Citando por orden de aparición esas conquistas ocurridas durante los últimos 50 años:

•          la revolución sexual dio derechos a la persona de usar su cuerpo para el propio placer, fuera y dentro del matrimoniio;
•          la revolución feminista dió derechos igualitarios a las mujeres;
•          la revolución homosexual dio derechos a las minorias sexuales;
•          la revolución genética está llevándonos a la libertad de manipular el código químico de la vida misma.
Durante esos mismo 50 años la Iglesia católica ha dicho no a cada liberación del individuo y a los medios que la procuran.
•          No a la píldora anticonceptiva; no a la interrupción voluntaria del embarazo;
•          no al divorcio;
•          no al sexo fuera del matrimonio;
•          no al sexo de sus sacerdotes;
•          no al condón;
•          no a mujeres que puedan oficiar misa o puedan asumir poder en la jerarquía católica;
•          no a la redefinición de la mujer como algo más que madre;
•          no a la homosexualidad y a los matrimonies gay;
•          no al cambio de género;
•          no a la transexualidad;
•          no a la manipulación de la genética.

No, no, no, no, no, no ,no , no no,no, no, no, no: la Iglesia del No.

-¿Qué puede ofrecer en el siglo XXI la Iglesia Católica a Occidente, amén de reiterar sus no,no, nos,en una guerra cultural que hace tiempo perdió el Nuevo Relato Científico?

Acaso mucho. Lo escribo con mi hemisferio cerebral izquierdo, mientras protesta mí hemisferio  derecho.

Acaso pueda reorientar su aún gigantesca estructura y el ejército aún numeroso de sus clérigos hacia una causa indiscutiblemente noble.  Y a no vetar la libertad individual ni los logros de una especie científica, sino combatir la pobreza de la mitad de  los humanos.

Para engrosar la esperanza, ahí está la leyenda de San Francisco de Asis, que tomo de la Enciclopedia Católica y parece haber sido la inspiradora del estilo espartano de vida de Jorge Bergoglio, un cardenal que hasta la semana pasada vivía en un pequeño departamento y viajaba en autobus o metro a sus deberes sacerdotales, así como la razón para la elección de su nombre pontificio.

"…y el papa Inocencio III soñó que la Iglesia se tambaleaba y estaba por desplomarse… pero el joven Francisco la sostenía y regresaba a la verticalidad sus columnas…"
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Tomado de PROCESO 1898
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