miércoles, 23 de mayo de 2012

Antisemitismo Polaco



                Gregorio Selser

            Las cifras de las publicaciones neonazis, fascistas y  antisemitas  que infestan Europa son abrumadoras.
            Los  sucesos  de  los años recientes en el  este  de  Europa parecen  haber  destapado  los diques de contención  en  las  dos alemanias  vueltas  al redil unitario.
            Ahora  se  informa  que la  organización  soviética  Pmiat, nacionalista  derechosa  tradicionalmente clandestina  e  ilegal, sería  la  responsable  de nuevas y  cuantiosas  reediciones  del pasquín zarista.
Los Protocolos de los Sabios de Sión, que vio  la  luz  a fines  del siglo XIX en las mazmorras e imprentas de la  policía. De seguir así las cosas, no sería de admirar que Pmiat edite  en ruso Mein Kampf de Adolfo Hitler.
            De Polonia las noticias eran anteriores y crecieron  durante la  campaaña electoral en la que resultó triunfante Lech  Walesa, quien para vencer en la primera ronda a su rival al primer ministro  Tadeuss Mazowiecki hizo difundir secretamente la versión  de que este, aunque reconocidamente católico, tenía remotos orígenes judíos.
            Recurrió además a otra artimaña: repetidamente invitó a  los políticos  de origen judío a declararse a sí mismos  como  tales. Más  tarde,  a  raíz de las críticas procedentes  sobre  todo  de Estados  Unidos,  cambió de táctica, dijo que se  trataba  de  un error y pidió disculpas por ella.
            Antes de que se iniciara la Segunda Guerra Mundial,  Polonia era  el centro del judaísmo mundial, con una población de  más  3 millones  de judíos, de los cuales, al término de  la  conflagración,  sólo restaban unos 300 mil, que se fueron  reduciendo  aún más durante las purgas antisemitas de 1968, ya que la mayor parte de ellos optó por emigrar a Israel.
            Cifras recientes del NEW YORK TIMES estíman hoy en 10 mil el número de quienes preservan su identidad judaica y su edad promedio es de 70 años.
            Simplemente y a pesar de los rebrotes de hostigamiento,  han elegido quedarse a morir en su tierra natal polaca.
            El tema no dejó de alarmar a ciertos jerarcas "liberales" de la  Iglesia.
            En tiempos del mariscal Pisudski y aun desde mucho antes  el promedio  del polaco era declaradamente antisemita con  la  misma convicción  con  que  se ufanaba de su catolicismo  (90%  de  los polacos  es cristianos sin remilgos). La relación entre  ser  una cosa  y la otra ya ha sido esclarecida en textos señeros como  el de  Jules Isaac (Las raíces cristianas del antisemitismo,  Buenos Aires,  1966).
            En  Polonia  ese obsceno vínculo guarda coherencia  con  los viejos  mitos cultivados por un clero más inculto que  reaccionario,  los curas de misa y olla, las monjas, párrocos  y  teólogos que  reeditan  perjuicios y propagandas que hasta  los  distintos regímenes comunistas de pos guerra calificaron como imbéciles.
            Persiste  como justificativo para eso renacer de tufos  rancios  la  noción del "decidio: que ya el Concilio  Vaticano  II reudió  en  los  años sesenta: en toda su  simpleza,  fueron  los judíos los que "asesinaron" a Jesucristo y por ello deben pagarlo por  los siglos de los siglos.
            El  empeoramiento de la situación económica en  Polonia  con motivo de su ingreso a la economía libre de mercado, provee a los sectores  predispuestos a buscar un chivo expiatorio: los  viejos 10 mil judíos dirigen la economía, arruinan a Polonia y le  roban sus excedentes para enviarlos a Israel.
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            Ya  no  existen  en Polonia los medievales  GHETTOS  ni  los judíos se recluyen en barrios exclusivos y de fácil localización, pero  las  serpientes siguen deshovando. 
     El  sacerdote  católico Stanislaw Musial declaró  a  Stephen Engelberg,  del  NEW  YORK TIMES, que se  hace  indispensable  un analisis crítico de la complicidad polaca en los horrores nazis, proceso que es necesario tanto para contrarrestar el antisemitismo  en el país como para superar el estereotipo vigente en  Occidente  y  que presenta a Polonia como una nación  de  antisemitas impenitentes.
            "Debemos enfrentar enfrentarnos a nuestra historia y  asumir la responsabilidad por la misma, y decir la verdad aun cuando  en ocasiones no sea agradable para nosotros", afirmó Musial..
            Después  de  pronunciar un discurso en el cual  admitió  con honestidad  que "sí hubo un papel polaco en la muerte  de  judíos durante  la época de guerra", agregó que su declaración salía  de lo profundo de su corazón.
            Musial sostuvo que estaba desafiando aspectos de carácter nacional  al instar a sus compatriotas  a  aceptar  alguna responsabilidad  por los acontencimientos de la ocupación nazi  y añadió que debido a que Polonia también sufrió sus propias pérdidas en la guerra, la gente permanece renuente incluso a  considerar la posibilidad de una complicidad polaca.
            "Tenemos -señaló Musial- una mitología de nosotros  mismos como  una nación mártir. Nosotros siempre somos los  buenos,  los otros son los malos. Con esta imagen nacional es  absolutamente  imposible que el pueblo polaco pueda hacer cosas  malas  a los  otros. Bajo la carga de nuestros propios sufrimientos  -dijo ante  un  grupo de judíos estadounidenses- y pese  a  los  muchos casos  en los que los ayudamos  -incluso bajo amenaza de  muerte- no siempre los ayudamos".
            Por  ésto  les  pedimos perdón. Por cada polaco  de  fe cristiana  que  no  les extendió una mano amiga en  esos  días  y después, por cada polaco de fe cristiana que los traicionó a  los nazis,  que trató de enriquecerse explotando su temor y  soledad, por todos ellos les pedimos perdón".
            Cuando  llovieron sobre Walesa las  críticas  por  sus pullas electoreras antisemitas, se defendió: "Polonia es un  país de 85% de creyentes católicos. En cada misa oigo decir que Israel es  un pueblo elegido. Si soy creyente no puedo  ser  antisemita. Evidentemente en este a país hay políticos israelitas y uno puede tener  disputas con ellos, pero eso no tiene nada que ver  con el antisemitismo".
            En las fiestas navideñas de 1990, hubo en Varsovia un primer acto  público de contrición episcopal.
            En  un  documento la jerarquía católica romana  condenó  las prácticas antisemitas en Polonia, y reconoció que algunos polacos ayudaron  a los nazis a asesinar a los judíos durante la  Segunda Guerra  Mundial. Nosotros expresamos nuestro sincero  pesar  por todos los casos de antisemitismo que hayan sido cometidos en todo tiempo  y por cualquier persona en territorio polaco.  Todos  los casos de antisemitismo se perpetran contra el espíritu  del Evangelio  y son contrarios a la visión cristiana de la  dignidad humana".
            "En la perspectiva polaca este es un verdadero descubrimiento  -dijo Kostanty Kostanty Gebert, un colomnista político de  Varsovia que es judío. Esto confirma formalmente que el antisemitismo  existe aquí, que es condenable y que es un deber  cátolico el reconocerlo.
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