jueves, 18 de abril de 2013

Sexo a la Japones


      
Ya he elevado mi solicitud de beca ante mis amigas de la Fundación Japón con el noble fin de pasar 3 ó 4 meses practicando y estudiando las costumbres sexuales de las japoneses.
       De momento parece que no ha sido aceptada ni siquiera mi solicitud, pero como estas cosas burocrática a veces se toman años en ser resueltas, ni pierdo las esperanzas.
       Mi idea era aprovechar el tiempo antes de cumplir mis 60 años para dedicarme a una exhaustiva investigación teórico-práctica, con el fin de averiguar hasta que punto disfrutan (o no) las japonesas el acto sexual y sus prolegómenos. Todo, claro, a nivel científico y dentro de los lineamientos que marcan las circunstancias de la vida (sexual).
       En tanto llega la respuesta, habrá que teorizar al respecto, ya que hasta el día de hoy no he tenido suerte con ninguna de las posibles conejitas de Indias. Aunque el lector lo dude, en el viaje dediqué muchas de mis preguntas al tema que nos ocupa. Tanto entre las feministas, como con otros individuos e individuas, saqué a relucir el tema que, dicho sea de paso, no resulta ser nada fácil entre los japoneses. Hablar de sexo no es muy común que digamos, y la sociedad japonesa en ese aspecto es de lo más conservador, al grado que la revista PLAYBOY sufre la depilación sistemática del vello púbico de sus conejitas. Tuve la oportunidad (científica, claro) de ver algunas películas erótico-pornográficas japonesas, y en todas aparece velado con cuadritos, tanto el sexo masculino, como el femenino. Y eso a pesar que las anuncian y venden "solo para adultos".
       Pero en fin. Como comprender el lector, es un tanto difícil y embarazoso andar por la calle preguntando a una mujer qué tal le va con sus orgasmos, o si antes de casarse ya había perdido su sello de garantía, o si prefiere otra postura a la clásica del misionero cristiano. Sospecho que ese tipo de entrevistas (y con intérprete) no sería muy aceptado.
       Sin embargo, cuando logré hablar de sexo con mis entrevistadas, la primera noticia que recibí fue que, en general, a los japoneses hombres y mujeres, NO les interesa demasiado el sexo y prefieren otras prácticas deportivas. Esto fue por una pregunta mia sobre el bajísimo índice que tiene Japón en cuanto a los divorcios: 160 mil divorcios al año no son nada. Mientras en los Estados Unidos de 2 que se casan, UNO se divorcia (lo mismo que en Cuba) y en México la proporción es de 3 a 1, en Japón de 6 matrimonios, sólo 1 acaba tronando.

       ¿Esto podría significar que el japonés es feliz en su matrimonio   y que lleva una vida sexual satisfactoria?

       Ni lo uno, ni lo otro, me contestaron TODAS las personas a quienes elevé mi pregunta. Los matrimonios resultan ser MUY infelices, pero se tienen que aguantar por varias razones:
a)     el divorcio es muy mal visto en la sociedad japonesa.
b)     el divorcio es una catástrofe para ambos. Para el hombre, porque ninguna empresa ve con buenos ojos al divorciado. Para ella, porque la sociedad la rechaza y difícilmente puede volver a casarse y le resulta casi imposible vivir sola.
c)     el divorcio es muy problemático económicamente debido a que en el Japón no existe la "separación de bienes". Todos los matrimonios deben compartir sus bienes (y sus males).
       Cuando una pareja comete la tontería de casarse el compromiso de adquirir la casa o departamento es de los dos. En Japón comprar una casita equivale a endeudarse para toda la vida, no sólo la del matrimonio, sino en muchos casos para la segunda y tercera generación. Los precios de casas y terrenos en Japón son increíblemente altos, como lo veremos al rato.
       El divorcio es pues, toda una tragedia. La sociedad lo rechaza, las empresas lo rechazan y la familia lo rechaza. Para el hombre japonés, fracasar en el matrimonio constituye algo digno de harakiri, y de hecho muchos se suicidan antes que conceder el divorcio: no olvidar nuevamente que los samurai han vuelto a la sociedad japonesa.

       ¿Qué hacer entonces?

Aguantarse de por vida, seguir cazador y hacer cada quién su vida, dentro de la proverbial discreción japonesa, de forma que los hijos no sufran. O mientras los hijos no se casen: la gran mayoría de divorcios que pese a todo se dan en Japón los sufren parejas mayores de 40 años.
       ¿Y el SEXO qué? Suponiendo que el sexo no les interese demasiado a los japoneses, no creo que hayan descubierto la forma de vivir casados y sin sexo o que practiquen un celibato de tipo religioso.
La religión en Japón ha dejado de tener importancia, como lo veremos en su momento.

¿Se habrán convertido en expertos del placer solitario? ¿O tendrán "casa chica"donde obtienen lo que no hay en casa? *

Aunque con eso de que en Japón todas las casas son chicas, tendríamos que hablar de casas enanas o de casas de muñecas, con perdón del maese Ibsen...( ¿O ser que japoneses y japonesas van hacia el homosexulismo...?
       Y tal parece que la solución tipo Ibsen es la que más popularidad está teniendo entre los maridos y no maridos nipones: las "casas de muñecas" vulgo burdeles. En varias calles elegantes del barrio idem de Ginza, encontré en varios lugares verdaderos Urales con fotos de prostitutas, y su respectivo teléfono *con precio incluido). Desde el viernes en la noche, las calles de Shinjuku, el barrio "rojo" de Tokio, se llenan de oficinistas japoneses buscando el sexo comprado. Hay prostitutas japoneses, pero lo que más abunda es el elemento chino, coreano, taiwanés, singapuroso, filipino y -curioso, diría un jesuita- hay muchísimas prosti de los países "blancos" de América Latina: Chile, Colombia, Costa Rica y Argentina.
       Este curioso "racismo" japonés se explica fácilmente por la vieja idea del japonés de sentirse superior a los demás asiáticos, y en el caso de las latinas, a que la preferencia del japonés se dirige hacia las mujeres blancas, altas y rubias de ser posible.
        Respecto a las señoras, mis informantes me hablaron de una especie de prostibulos "masculinos", donde las señoras ricas y necesitadas *aunque no pertenezcan precisamente a las clases necesitadas), encuentran jóvenes dispuestos a practicar el sexo ganándose algunos miles de yenes. Pero por lo general, según parece, las japonesas casadas infelizmente, vuelcan su necesidad afectiva en los hijos, recurriendo de vez en cuando a la aventura con algún desconocido *o conocido).
       El criminal ritmo de trabajo de los japoneses expulsa de su casa al marido desde las 6:30 de la mañana, para regresar a su hogar a las 12 de la noche. En Japón han acuñado el término "SEVEN-ELEVEN", tomado de una cadena de supermercados que tienen ese nombre por estar abiertos de 7 de la mañana a 12 de la noche, para designar así a las compañías que trabajan con ese mismo horario.

        ¿Sería posible que el marido japonés llegue a su casa agotado del trabajo, buscando el sexo conyugal?

       Misterio oriental a la vista.
       Para no seguir planteando adivinanzas, cerremos este capítulo informando al lector de una vieja costumbre japonesa que está resucitando, como parte de la "crisis" sentimental. Anteriormente a la Restauración Meiji, como llaman al reinado del famoso emperador, los matrimonios se arreglaban, por medio de las famosas celestinas o "arregladoras de boda", tal como se practica todavía entre los judíos.
       Estas  mujeres vivían concertando matrimonios por todo el país, de modo que los jóvenes se casaban sin conocer a la novia, por acuerdo que se hacia entre los padres de ambos dos, ¿y si no se entendían? Pues se aguantaban de por vida o esperaban que surgiera eso que llaman el "amor posterior".
       La costumbre ha vuelto al Japón, pero, como es natural, ahora todo se hace con computadoras, que son las encargadas modernas de concertar la boda. Ya hay varias compañías dedicadas al negocio de conseguir novia o novio. Se anuncian todos los días en los periódicos y por una cantidad módica le consiguen esposa al desesperado que no ha podido ligar compañera en la oficina *que es donde más se dan los matrimonios).
       La computadora ser culpable si aquello no funciona...

Última Hora
       Ya en proceso de hechura del libro, en México pude hablar del tema con una amiga latinoamericana que vivió dos años en Japón, y que tuvo "novios" japoneses. Confirmó todo lo que yo sabia de la vida sexual y la situación de la mujer, pero añadió cosas la mar de interesantes al respecto.
       El japones ve el sexo como una simple necesidad física, como un desfogue que no necesariamente debe involucrar a la mujer, excepto como mero "recipiente" u objeto sexual destinado a ser usado. Todos se bañan antes del acto sexual, pero éste es rapidísimo, al grado que la mujer casi ni se da cuenta de lo que está pasando, y tampoco pone nada de su parte para recibir placer. Rara es la japonesa que sabe lo que es el orgasmo, pues en Japón la única finalidad del sexo es hacer hijos. En el idioma japonés no existe la palabra "beso". Sólo después de la guerra se introdujo en el lenguaje diario la palabra "kisu", que tomaron del inglés kiss y usan para designar una costumbre extranjera que a veces practican algunos japoneses. Sobre todo los que se han civilizado al vivir en países extranjeros, mayormente en América Latina.
       Para la japonesa, el marido ideal es el que no la "molesta" sexualmente. Puede llegar borracho *la mayoría lo hace casi a diario) y a la una de la mañana. La esposa lo recibe y lo atiende, lo baña, le da de cenar y lo mete en la cama para que duerma. Al parecer, el sexo es para fuera de la casa, con alguna prostituta o una "amiguita" con quien platicar. Una encuesta de la televisión japonesa descubrió que los matrimonios japoneses platican entre sí un promedio de 15 minutos diarios.
       Otro estudio que hizo un periódico de Tokio encontró que la gran mayoría de esposas japoneses NO sabía lo que era un orgasmo.
       Sin embargo, abunda la pornografía en el Japón. Los nipones consumen millones de "comics" pornográficos: hay cientos de películas idem y hasta la televisión cuenta con dos canales dedicados al cine "sólo para adultos". En el cuarto del hotel había, como creo ya dije, la posibilidad de ver 'pagando' cine pornográfico. *Horrible). Creo que esa tendencia a la pornografía explica lo que piensa el japonés del sexo: para ellos sólo es la satisfacción personal de  una necesidad fisiológica. Lo que pasa con la mujer, no les importa. Y hasta ahora tampoco parece importarle a las mujeres.
       Otra amiga periodista que vivió un tiempo en América Latina y se "libero" de los tabúes japoneses, concluyó su charla sobre el sexo en Japón diciéndome que "mira Rius, en Japón como has visto, todo es chiquito, incluyendo la "cosita" de los señores... y como pilón, la mayoría de ellos tiene eyaculación precoz...
       Dejo las conclusiones al lector, porque yo no me atrevo.
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