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martes, 9 de julio de 2019

Entrevista a Marcel

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ENTREVISTA A MARCEL


-¡Oye Marcel!

-Dime Emilio.

-¿Cómo podrías definir el arte de la pantomima?

-La pantomima es el arte de transformar palabras con gestos y movimientos del cuerpo, es un arte difícil porque no sólo se trata de sustituir palabras por gestos. Nosotros describimos sentimientos, actitudes, metamorfosis, metaforas, parábolas, fábulas... y ese es uno de los misterios de nuestro arte: No puede ser explicado, tiene que ser visto.

-¿Existe alguna diferencia entre la escuela de mimos de Francia con la de la India y con la del Japón y con la de China?

-Hay una gran diferencia en el estilo gestual, pues en la mímica de India, Japón y China también se habla.

-Nosotros permanecemos en absoluto silencio, de acuerdo con la vieja tradición griega y romana.

-Guardamos silencio total, no porque seamos ortodoxos, sino porque pensamos que el silencio, como en el ballet, puede aportar a la expresión del cuerpo el mismo poder que las palabras.

-En silencio podemos expresar situaciones divertidas o dramáticas, realistas o de ciencia ficción; y desde una perspectiva sarcástica abordar los muchos problemas del mundo actual y también situaciones de la vida diaria.

-Marcel, ¿no crees que el lenguaje gestual, pese a su poder expresivo, puede convertirse en una comunicación fallida?

-¡Oh, no!, el artista tiene que saber cómo comunicarse. Ese es su secreto. El arte es comunicación. Y es conocimiento y simplicidad. Cuando un artista no es entendido no es un buen artista. Lo siento.

-Muchas veces, los grandes artistas son reconocidos después de que ya pasaron, quizá siglos, ¿Cómo vez tú el arte de la pantomima en este contexto?

-Muy cierto, Emilio, en ciertas artes, como en la pintura y la escultura, los creadores están adelante de su tiempo, es cierto. En estos casos es el tiempo el único que dice la verdad, el juicio del público no importa.

  -En el teatro no sucede lo mismo; tenemos que ser reconocidos mientrs vivimos, no después de muertos. En nuestro caso tiene que darse de inmediato la respuesta de la gente. Ello no significa que el mismo tenga que abaratarse. Tienes que sentir los limites del misterio entre el público y el mismo. Tiene que sorprender, tiene que ser mágico. Aun si el público no entiende todo, lo  percibirá, como en la música.

-En tu opinión ¿qué es lo que la música explica?

-Percepción. La pantomima es también percepción, no sólo entendimiento racional. Sé que algunos de mis actos no los entiende plenamente el público pero sí los siente y eso es lo que importa.

-Sin duda, Marcel, tu personaje más popular es Bip, ¿que me puedes platicar de él?

-Bip, como don Quijote, pelea contra los molinos de viento de nuestra vida. 


-Bip es también un poco como Chaplin, en el sentido que representa a un hombre común y corriente, es un personaje solitario, rodeado de gente invisible, con la cara blanca, el sombrero y la flor, de acuerdo con la tradición de la escuela de pantomima francesa del siglo XIX, la llamada “Escuela de Pantomima Blanca”.

-¿Por qué se le llamó “Escuela de Pantomima Blanca”?

-Dicha escuela recibe su nombre de Pierrot, quien aparecióoon durante la Revolución Francesa en 1789 y se convirtió en una figura muy popular; se dice que llevaba la cara blancla porque su padre era pastelero. El caso es que esta figura tendría muchos seguidores a lo largo del tiempo. Cuando el Pierrot tradicional desaparece, su lugar es tomado por cómicos como Charles Chaplin y Buster Keaton inspirados en la escuela de pantomima inglesa. Es así como reaparece la pantomima a través de las películas mudas.


-¿En qué año surgió la pantomima contemporanea?

-A finales de los treintas surgió la pantomima contemporanea, cuyo  pionero fue el maestro Atienne Decroux. Luego yo formaría una compañía del mimos, la única que había en el mundo durante los cincuentas y los sesentas. Recorrimos el mundo presentando a las nuevas generaciones, que para ellos se trataba de una nueva forma artística, aunque en realidad se trata de un arte antiguo cuyas fuentes mayores son Grecia y Roma.

-Tú has sido mimo durante más de 40 años. ¿Qué otra cosa te hubiera gustado ser?

-De no haber sido mimo hubiera sido pintor. De hecho la pintura es mi pasatiempo favorito, inclusive he realizado algunas exposiciones, he ilustrdo libros con mis dibujos...  Pero la pantomima llegó primero.

-¿Cómo podrías explicar lo que es ser mimo?

-Una vez le preguntaron a Hemingway: “¿qué es un escritor?” y el respondió: Un escritor es un hombre que escribe todos los días... Lo que quiero decir es que cuando tú escoges una forma de expresión tienes que dedicarte a ella todos los días, de  lo contrario eres un amateur o un artista de segunda... Desde que tengo 20 años, 300 noches al año me dedico a la pantomima, así que soy un mimo...

-¿Hay alguna intención política en lo que haces?

-Por supuesto. La política no significa para mí  pertenecer a un partido. Política es pelear por la justicia social, por la igualdad de derechos, es estar en contra de los racismos, los chauvinismos, contra cualquier ortodoxia... Mi política es el humanismo, la hermandad  y trato de proyectarla en mi arte.
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lunes, 12 de febrero de 2018

Entrevista (En Torno a la Homosexualidad)


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ENTREVISTA EN TORNO A LA HOMOSEXUALIDAD


-Emilio, me gustaría saber si el homosexualismo es una enfermedad o no, te lo pregunto porque conozo a dos hemanos, ambos son profesioistas y es más, uno de ellos es médico y ambos opinan que el homosexualismo es una enfermedad.

      -Mira, Marcela, mucha gente opina lo mismo que esos hermanos homofóbicos. Tengo aquí una entrevista a un científico eminente, muy capacitado que te puede aclarar algunas cosas sobre el tema. Se llama Andrew Allen.

-¿Quién es ese señor Andrew Allen?

        -Andrew Allen nació en Brooklyn. En la actualidad es psicoterapeuta y supervisor médico de una conocida institución mental, cargo en el que lleva ocho años.


-Con anterioridad estuvo al frente de un centro de rehabilitación infantil situado en el sector noroeste de la ciudad.

-Su trabajo actual consiste en supervisar la labor del personal médico especializado y la terapéutica de grupo.

-Él mismo está a cargo de diversos grupos, uno de los cuales está integrado únicamente por homosexuales.

-Por lo que toca a su consulta privada, atiende de preferencia -aunque no de forma exclusiva- a individuos homosexuales.


        -Este año Andrew termina un programa de especialización en un nuevo método psicoterapéutico que acepta buena parte de la teoría freudiana como núcleo central, pero que centra la atención en los periodos anteriores a la fase edípica.

-La especialización comprende cuatro años de dedicación completa, Andrew Allen lo ha hecho en diez, acogiéndose al sistema de cursos parciales y se exige que el candidato al título sea un profesional en ejercicio y que una vez finalizado el curso admita cierto grado de supervisión en cuanto al tratamiento dispensado a los pacientes con arreglo al nuevo método.

        -Es un hombre corpulento que habla con sosegado aplomo. Emana de él una fortaleza que se intuye más que se palpa. En cambio trasluce la irritación que le embarga. Con frecuencia su cólera va dirigida contra el tratamiento profesional y de otro género  que se dispensa a los homosexuales en Estados Unidos.

        -Según explica Andrew Allen, a los 10 años ya sabía que era homosexual y que tal 'cosa' era a la vez aberrante y repugnante. La sociedad, con  sus silencios y con sus vituperios, hizo que arraigase en él ese sentimiento. Creció ocultándose, lastimado y lleno de infelicidad.

        -El padre de Andrew Allen era panadero y a duras penas ganaba lo suficiente para atender al sustento de la familia. Andrew Allen lo recuerda como una figura distante, un hombre encapsulado en sus sentimientos, afable pero con un carácter potencialmente explosivo. Habla del tipo de cariño que recibió de él y de que no tenía la sensación de que le alcanzase en la medida que deseaba, pese a lo cual Andrew Allen le profesaba amor.

        -Era el "geniecillo" de su madre, un niño que "al decir de ella, a los 2 años sabía hacer pipi solito en el retrete y que a los tres había aprendido a hablar". Antes de cumplir los cinco estudiaba danza y acordeón. Durante los estudios de enseñanza media tuvo profesores particulares para que pudiera mantener el alto coeficiente de aplicación en el colegio. Andrew Allen era el hijo modelo que necesitaba ocultar a toda costa su imperfección, es decir, su homosexualidad. Quería a su madre, pero tenía la sensación de que era el suyo un amor supeditado a su continua carrera de éxitos en todos los campos.

        -Andrew Allen confiesa haberlos engañado a todos con su formidable fachada social. Era un chico encantador, vital y agresivo por fuera, pero hecho un pingajo por dentro, porque había vuelto todos sus sentimientos homosexuales contra sí mismo. Se tenía por un ser perverso. No podría ser de otro modo tratándose de la sexualidad, tema del que jamás se hablaba abiertamente, por lo menos en su casa. El hecho sexual era por lo visto demasiado sobrecogedor para dejar que aflorase libremente a la conciencia. Andrew Allen indica, también, que se masturbaba fantaseando con otros chicos, a los que desvestía e incluso prodigaba caricias. Durante los años de bachiller, aun cuando era un chico popular, no se citaba con chicas, pero estaba muy sensibilizado frente al hecho de que otros compañeros si lo hacían.

-Cuando se matriculó en la universidad era un ser alienado, solitario y asustado. Por entonces todo lo que sabía era que en la relación sexual tomaban parte personas muy respetables, pero él estaba demasiado atemorizado para ser una más.
        
-Pero las cosas cambiaron durante el segundo curso. Las mujeres se convirtieron en el foco de sus apetencias sexuales, si bien sus fantasías giraban en torno a los hombres. Las relaciones que mantuvo con las chicas fueron en todo momento "satisfactorias", e incluso tuvo amistad íntima con una de ellas por espacio de dos años.

-Esta última experiencia hizo que conociera el sentimiento primerizo del amor romántico, pero en razón de sus conflictos sexuales -las fantasías que se veía incapaz de aceptar- decidió ponerse en tratamiento con un psiquiatra en espera de poder así apartar los obstáculos que suponían sus inclinaciones homosexuales.

-A los 25, cuando estas fantasías demandaban a gritos una válvula de escape, el psicoanalista que lo atendía hizo este comentario:

  "Andrew, lamentaría de veras que te convirtieras en uno de esos sujetos".
        
-Al cabo de una semana abandonó el tratamiento. El comentario que había formulado le dio a entender que el propio médico tenía graves problemas homosexuales no resueltos respecto de su persona.

-Transcurrida otra semana. Andrew se embarcó en la que sería su primera experiencia homosexual con un hombre extremadamente sensible y bondadoso que supo comprender que se trataba de su primera experiencia homosexual. Después de haber hecho el amor le dio su número de teléfono a la par que añadió: "Si te sientes confuso y necesitas hablar sobre lo que ha pasado, llámame". Hoy, aunque con retraso, le da las gracias por ello. Pero la verdad es que no lo llamó porque distaba mucho de estar confundido. Por el contrario, se hallaba en el séptimo cielo. Tantos años despreciándose a si mismo, reprochándose su conducta sexual. Pero al fin desapareció ese malestar.

-A raíz de aquella experiencia se dio cuenta cabal de quién era y de lo que era, y de que ambas cosas eran positivas, no perversas.
        
-Durante los 4 años que siguieron, mientras por un lado Andrew Allen se ponía en manos de un psicoanalista freudiano, por el otro exploró su homosexualidad tanto en el sofá del médico como en los bares, las calles y establecimientos de baños.

"Pasé por un período de gran promiscuidad, como un chiquillo al que se deja comprar por sí mismo en una pastelería, y se dio sus buenos lotes, sin privarse de nada. Sólo desde hace cinco años he dejado de saciar indiscriminadamente mis apetitos con toda suerte de 'bombones'".

  -Tres años atrás, Andrew Allen conoció a Joe en un bar de Village. Pero lo cierto es que terminaron hablando y que hicieron el amor aquella misma noche. Desde entonces están juntos a diario, aunque no sin salvar numerosos escollos.
        
-A decir verdad, tras nuestra primera noche Joe y yo pasamos por un periodo de "noviazgo". Teníamos que hacerlo. Las relaciones que había tenido hasta entonces quedaban empañadas por el mero incentivo sexual y me resultaba imposible valorar la persona, el ser de mi compañero de turno. Pero a la sazón, sintiéndome francamente atraído por Joe, le pregunté si se avendría a pasar por un periodo de abstinencia sexual con objeto de poder conocernos a otros niveles. Él se mostró conforme y aquí nos tienes al cabo de tres años de convivencia. La relación con Joe es sin duda la experiencia más hermosa que he conocido en mi vida. Es una persona de carácter, seguro de si mismo, un ser de excepción, por cuanto tiene acceso a sus sentimientos y emociones. No es hombre que vea mi trabajo como una amenaza ni está celoso de la dedicación que le presto, antes bien, comprende perfectamente la pasión que siento por mi especialidad y, por ende, se hacer cargo de que debo dedicarle muchas horas. Es un individuo que posee su propio campo de intereses y trabaja en ellos para ampliar horizontes y perspectivas. Los dos mantenemos una saludable relación de mutua dependencia sin menoscabo de nuestra autonomía individual. La nuestra es una unión en igualdad de condiciones en la que no existen papeles asignados. Somos lo que en un momento dado deseamos ser y si bien es cierto que pasamos juntos muchas horas, no lo es menos que permanecemos separados otras tantas. En todo caso mantenemos una relación monógama."
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-Andrw,  ¿consideras que la homosexualidad es una enfermedad?

        -Tanto la homosexualidad como la heterosexualidad son traumatizante, primero, para los que vivencian su condición sexual como un problema, y, segundo, para los que inician una relación de intimidad auspiciados por la necesidad de llenar vacíos no satisfechos por los padres o por uno de ellos. En otras palabras, el hombre o la mujer que proyectan en otro individuo la figura de "papa" o de "mama'" experimentarán serias dificultades en su relación amorosa.
   
-¿Crees que se pueda curar la homosexualidad?

        -La pregunta es tan irritante como dañina. Hablar de cura es tanto como admitir que la homosexualidad es un comportamiento aberrante, una "dolencia" a la que se puede encontrar remedio.

-De las investigaciones que he realizado hasta la fecha nada permite deducir que la homosexualidad sea un hecho patológico y quienes piensan de otro modo me ofenden personal y profesionalmente.

-¿Qué me dices de todas las causas que se han aducido para justificar la homosexualidad?

        -Hablas de causas como si se tratase de encontrar la "causa" de la poliomielitis. ¡No hay causa alguna! Se han avanzado una serie de ellas, pero sólo a nivel de hipótesis, sin que haya podido ofrecerse una prueba concluyente. Lo que me pregunto es por qué nadie investiga las "causas" de la conducta heterosexual. Por un extraño mecanismo mental se presupone que la heterosexualidad corresponde al tipo de comportamiento "normal".

-¿Quién lo asegura? ¿En qué razones se apoyan? ¿Cómo sabes que es así?

-Por regla general, los teóricos que avanzan estos criterios en torno a la homosexualidad son heterosexuales, que además están analizando a un grupo minoritario. No les satisface o no son capaces de considerado como un grupo diferenciado, sino que por razones personales lo consideran diferente y aberrante.

-La verdad es que al avanzar sus teorías, esta gente trata de buscar pruebas que refuercen sus prejuicios.

        -Yo, en cuanto teorizador y psicoanlista en ejercicio, podría afirmar que las personas con inclinaciones homosexuales son individuos mentalmente sanos y que es el comportamiento heterosexual lo que constituye una aberración.

-Si dedicase el tiempo   suficiente a esta idea es probable que pudiera construir toda una teoría al respecto. Lo que trato de dar a entender es que antes de pronunciarnos sobre la condición sexual del individuo se precisa un análisis más objetivo y más científico de los que suelen realizarse.

-Hasta el momento no conozco un solo dato que me permita calificar de aberrante la conducta heterosexual o la homosexual, antes al contrario, lo que sé al respecto me refuerza en la idea de que una y otra pueden ser formas de expresión sexual perfectamente válidas.

-¿Debo interpretar, pues, que la causa es el aspecto que menos te interesa?

        -En efecto. Mi interés se centra en ayudar al paciente a concretar con sus pensamientos y emociones y apoyarse en aquellos que constituyan un factor positivo de su personalidad. Y si después de haberlo hecho opta por la conducta homosexual yo me pondré de su parte y le prestaré todo mi apoyo moral. Yo mismo, en cuanto psicoterapeuta, no esbozo "ambiciosos planes" de cara a mis pacientes, sino que oriento mi labor a procurar que se conviertan en personas capaces de responder a sus emociones de forma que puedan elegir con garantías en TODO ORDEN de cosas. No me anima deseo alguno de cambiar o de convertir la orientación sexual de la persona a menos que ella desee este cambio o esta conversión.

-Teniendo en cuenta que investigas sobre un amplio sector de la población homosexual, ¿has hallado algún problema común a todos ellos?

        -No. No he observado una problemática específica del individuo homosexual, salvo el hecho de que ningún heterosexual ha tenido que encararse nunca con sus padres para decirles! "Papá y mamá, tengo algo que confesaros... Soy heterosexual".
       
-Ese si es un problema con el que topan todos los homosexuales.

-¿Qué me dices de las fobias y temores del homosexual?

        -Este sólo tiene más miedo que el heterosexual en lo tocante a descubrir su verdadera condición sexual. Y con motivo. Al heterosexual nadie le pide cuentas cuando se manifiesta como tal. En cambio, el homosexual corre el riesgo de perder el empleo, el prestigio social y el cariño de los suyos.

-En esencia me estás diciendo que no existe una prolemática típica del sujeto homofilo, ¿no es así? 

        -¡Exacto! La gente.., todo el mundo tiene que contenerse para frenar los impulso y sentimientos de agresividad. No se nos enseña desde una edad temprana a salir airosos de la pugna con esta agresividad.

       -Muchas enfermedades mentales están determinadas por la incapacidad del individuo para hacer frente a dichos impulsos. Por lo demás, quien más quien menos alberga pensamientos asesinos, agresivos, por lo común reprimidos, es decir, cuya existencia nos negamos a reconocer. Con todo, nacemos a la vida presos de furor. Dejamos la confortable seguridad del útero materno para recibir los sopapos en el trasero que nos sacude el tocólogo. Aquí se inician las actitudes agresivas, pese a lo cual no se nos permite, ni durante la niñez ni en la adolescencia, dar libre curso a nuestros impulsos y emociones. Lo que ocurre es que sepultamos los sentimientos de hostilidad en el inconsciente y a menudo se vuelven contra nosotros. Con no menos frecuencia crecemos y maduramos perdidos en fantasías que trucan los pensamientos asesinos y violentos en actos sexuales o en pautas de conducta específicos. La dificultad se presenta en el instante en que el sujeto se ve compelido a proceder conforme a las fantasías que pueblan su mente, o sea lo que caracteriza a las prácticas sadomasoquistas; la proyección real de los instintos agresivos del individuo. Y es una lástima que esta agresividad no se quede en el puro terreno imaginativo.

-¿Por qué razón?

        -Porque si el sujeto relega los instintos agresivos a las fantasías que acompañan a la masturbación les da salida por esa vía, dejando espacio para adoptar con el compañero sentimientos de afecto y de ternura.

-¿Has tenido ocasión de verificar si se ha producido un auge de las prácticas masoquistas entre homosexuales?

        -Ha habido un incremento, por supuesto, pero no olvides que el sadomasoquismo no es un fenómeno exclusivamente homosexual. Ya los heterosexuales lo practicaban antes de que pasase al otro lado de la cerca. Personalmente estimo que estas prácticas no son positivas y mi experiencia profesional corrobora esta idea. Todos albergamos sentimientos de esta índole (instintos sanguinarios e impulsos impulsos agresivos), pero, como te decía, lo mejor sería que no trascendiesen al el marco de la fantasía. Creo que al deshumanizar a otros hacemos lo propio con nosotros mismos, y a la inversa, si dejamos que otros nos humillen degradamos progresivamente la condición humana de nuestro verdugo.

-Hablando de papeles. En relación con la sexualidad, ¿crees que la tendencia a asumir el papel activo o el pasivo es sintomático de algún rasgo de la personalidad?

        -Si lo que me estás preguntando es si el individuo esencialmente pasivo en el lecho tiende a serlo también fuera de él, te diré que sí. Por lo general son gente que deja a otros llevar la voz cantante. En la consulta, cuando un paciente me habla de su vida, de su posición en ella y de sus actitudes frente a la misma, por lo general me resulta fácil determinar por dónde van sus preferencias sexuales. Es curioso que en el caso de hombres casados que luego se han pasado al bando de la homosexualidad se    observe una tendencia a adoptar en la cama un papel pasivo. Es como si anduvieran diciendo: "Ya es hora de que se ocupen de mi". Existe otro tipo de homosexual, el del sujeto social y profesionalmente agresivo que luego, en el terreno sexual, se abandona por entero en busca de alivio y solicitud por parte del compañero.

        -Pero, mucho ojo con eso de las etiquetas. A menudo, ser sujeto activo o pasivo en el catre puede corresponder a un deseo saludable de dar y de recibir afecto. Puede ser, también, un signo de fortaleza o una señal de debilidad. Pero la personalidad verdaderamente sana necesita de una y otra forma de comportarse. Necesita dar, pero también recibir. Es el caso de esos raros individuos que dejan fluir sus emociones y sentimientos y que por ello mismo pueden actuar según les convenga. Dicho de otra manera, nadie experimenta siempre las mismas apetencias. La persona psíquicamente sana busca satisfacer las necesidades de cada momento. Puede que una noche le apetezca actuar como un león y puede que otras noches esté inhibido (todos tenemos días en que no deseamos aportar más que nuestra presencia). Tal como yo veo las cosas, la actitud más sana en el aspecto sexual es la de comportarnos a tener de nuestros antojos y hacer lo preciso para alcanzar plena satisfacción. Hay muchísima gente que se inhibe en sus manifestaciones y respuestas sexuales debido a que se abstienen o pierden contacto con sus verdaderas apetencias y necesidades.

        -Por último, tiendo a compadecer a los que se creen más viriles por el hecho de asumir únicamente el papel activo en la cama. Sospecho que están prescindiendo de una porción de su persona. También en estos casos debo insistir en que la asunción de estos papeles no es un rasgo característico de la relación homosexual.

-Lo siento mucho, mi querido amigo, pero no somos espécimenes aparte. También en el juego amoroso de la pareja heterosexual se da de vez en cuando el intercambio de protagonismo.

-Sin embargo, ¿no es cierto que en la relación homosexual la fantasia del tío bien parido, del macho por excelencia, desempeña un papel importante?

        -Sí, pero los mecanismos de transferencia del ser todopoderoso que es la figura del padre tampoco son un fenómeno genuinamente homosexual.

-¿Podrías ser más explicito?

        -Muchas mujeres tratan de hallar en el esposo la figura del padre que jamás han tenido. Andan en pos de un hombre dotado de singular fortaleza o con una capacidad de comprensión que no hallaron en sus padres, amantes o esposos. Como decía antes, la mayoría de la gente que se embarca en una relación amorosa raras veces ve a su pareja tal como es en realidad, sino que le atribuye cualidades y ventajas imaginarias.

-En el caso de los hombres, los hay que buscan en el fondo casarse con su mamita; y a la inversa, algunas mujeres pretenden hacer lo propio con papacito.
       
-En consecuencia, conviene dejar bien sentado que "la idealización del personaje dominante" no es patrimonio exclusivo del homosexual.

-¿Es también un mito la imagen del homosexual como un ser lleno de cuitas y más infeliz que el heterosexual?

        -Totalmente. Lo que ocurre es que los homosexuales hablan con más franqueza de sus problemas. Muchas veces sintonizan con sus emociones en mayor grado que el varón heterosexual.

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domingo, 11 de febrero de 2018

Entrevista (En Torno al Sexo en la Mujer)


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ENTREVISTA EN TORNO AL SEXO


Irving Wallace

-Dr Chapman, ¿no podría usted dar algún resumen, que revele los resultados más generales de la investigación sexual en torno a la mujer casada, que han estado haciendo usted y sus colaboradores?

-Me he rehusado hacerlo porque me parecía que aún no disponíamos de suficientes elementos de juicio; y después de tenerlos, me mostré reticente porque deseaba controlar y estudiar mis totales con la ayuda de mis colaboradores. Sin embargo, ahora consideró justo hacer conocer al público uno de los principales resultados obtenidos, de cuya validez general estoy seguro, y que será recibido con interés por las mujeres casadas.

-Al poco tiempo de iniciada la investigación, mis colaboradores y yo advertimos claramente que una de las peores desinteligencias existentes entre los sexos es la idea de que los hombres y las mujeres poseen impulsos y emociones iguales o semejantes. Si bien es cierto que, desde el punto de vista de la ubicación de las zonas erógenas, las reacciones genitales de los hombres y de las mujeres son fisiológicamente similares, no ocurre lo mismo en el caso de las necesidades y de los deseos. El público parece creer que por cada hombre que desea entablar relaciones sexuales, existe también una mujer que siente exactamente del mismo modo. En resumen, que ambos sexos tienen las mismas necesidades sexuales. Hasta ahora, todas las comprobaciones resalizadas por nuestro equipo contradicen absolutamente esa idea. De acuerdo con los datos que obran en nuestro poder, el vínculo sexual es menos importante para la mujer que para el hombre.

-Doctor Chapman, quiero asegurarme de haber entendido bien. ¿Afirma usted que, después del examen de tres mil mujeres, cree que las mujeres no están tan interesados en el sexo como los varones?

-Así es, mi afirmación se basa en los resultados de nuestra encuesta.

-¿Puede decirnos algo más sobre el tema?

-Con mucho gusto. Nuestras observaciones sobre la mujer casada ahora revisten más valor porque poseemos datos detallados sobre el varón soltero, y podemos utilizarlos como término de comparación. La contrastación de las dos encuestas indica que el varón medio está más preocupado, y aun diría obsesionado, con el sexo que la mujer media. Con frecuencia la razón fundamental por la cual un varón se casa es el deseos de poseer sexualmente a una mujer. Posteriormente, si se siente decepcionado, o cansado de su mujer -me refiero siempre al sexo-, se divorcia de ella, o le es infiel, o apela a la psiquiatría o al alcohol. En cambio, la razón principal por la cual la mujer se casa no es el deseo de ser poseída por el hombre… sexualmente, se entiende. Naturalmente, es una de sus motivaciones, pero no la esencial. En su actitud hacia el amor físico, la mujer representa el papel más pasivo. Se casa porque desea tener seguridad, ser aceptada socialmente, someterse a una norma social, tener hijos, vivir acompañada. Desea satisfacer normalmente su sexo, pero si la experiencia la decepciona, a menudo evitará apelar a medidas extremas como el divorcio, un amante, el tratamiento con el psiquiatra, o el alcohol. Si el amor físico la deja insatisfecha, reprimirá sus deseos, sufrirá las consecuencias y superará los efectos emocionales negativos, y sublimará sus necesidades, volcando sus energías en otras esferas de similar importancia, como los niños, el hogar, la vida social, y otras por el estilo.

-Sobre la base de nuestras observaciones sospecho que los hombres han creado un mundo femenino ficticio…, mujeres carentes de existencia real en los Estados Unidos de hoy. Este es uno de los muchos puntos significativos que espero subrayar y demostrar con pruebas concluyentes en la obra que proyectamos presentar al público en la próxima primavera... Volvamos durante un instante la atención a los medios de entretenimiento distracción… me refiero específicamente a las novelas, las obras de teatro, las películas, la televisión. Los hombres que escriben los argumentos utilizado por estos medios generalmente presentan heroínas que ansían gozar del amor sexual, que nunca se satisfacen, que reaccionan eróticamente y sin inhibiciones. Así son las mujeres norteamericanas de la ficción. Estas mujeres, creadas por el cerebro de los hombres, actúan como los hombres creen que las mujeres deben hacerlo…, o como ellos desean que actúen. Pero las mujeres que mis colaboradores y yo hemos hallado son muy distintas. Son mujeres reales, y la mayoría de ellas pueden tener relaciones sexuales o prescindir de dichas relaciones, no sueñan con el sexo, y no se excitan como lo hacen los hombres; no se sienten estimuladas por el espectáculo del hombre viril y buen mozo. Eso ocurre en las novelas y en las películas. Los hombres parecen creer que lo mismo sucede en la vida real. Pero no es así. Los hechos son los hechos. Podemos afirmar que esa imagen no corresponde a la realidad.

-¿Puede aclararme una duda? Si sus afirmaciones son exactas, ¿por qué tantas mujeres gustan de las novelas de tema sexual? Es decir, todo indica que esos libros se venden mucho… ¿No indica todo eso que las mujeres se interesan mucho por el problema?

-Me alegro de que haya planteado este asunto. Naturalmente, no dispongo de las cifras pertinentes, pero, ¿se venden realmente esos libros? ¿son leídos sobre todo por mujeres? No lo sé. Supongamos que ése es el caso. Probablemente lo es. Desde mi punto de vista, la respuesta es la siguiente… y aunque esto parezca contradecir lo anterior, no es así. Muchas mujeres están preocupadas por el sexo, pero de manera diferente a lo imaginado por sus esposos o amantes. Las mujeres se sienten atraidas hacia la ficción romántica, no tanto por razones de identificación o como motivo de estimuló, sino porque anelan satisfacer una curiosidad irritante. Primero, porque los hombres atribuyen tanta importancia a la atracción sexual, y porque las recompensas para las poseedoras de atracción son considerables en nuestra sociedad, las mujeres han llegada a la conclusión de que deben consagrarse al sexo, independientemente de que les interese o no. Segundo, la mayoría de las mujeres norteamericanas se han dejado sugestionar por la propaganda masculina. Día tras día se les indica que deben comportarse y sentir como los hombres quieren que ellas sientan y se comporten, pero ellas saben que no lo consiguen. Y ese hecho las desorienta, y las inquieta. Suscita en ellas un sentimiento de inferioridad. Y este fenómeno, agregado al defecto general de nuestra cultura -me refiero a la vida carente de sentido y de objetivos que la mayoría de las mujeres lleva en el matrimonio, pero ése es un tema que no acordaré aquí-, determina la permanente insatisfacción de las mujeres. ¿Por qué son defectuosas, qué falla padecen? Se formulan la pregunta, y quisieran conocer la respuesta. De modo que se dedican a leer libros, a ver obras de teatro y películas, envidiosas de las mujeres de la ficción, de las mujeres que ellas no pueden ser; es decir, de las mujeres que no existen realmente. Buena parte de estas esposas se creen anormales, de escasa sexualidad, raras. Pero no es así. Son mujeres de tipo medio. Este tipo femenino integra entre el 25 y el 75% de todas las mujeres. Creo que nuestra investigación… demuestra de un modo dramático esta afirmación. Confio en que lograremos disminuir la tensión que padecen las mujeres norteamericanas.
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