D9142 02B 21
-Doña Xóchitl Gálvez, ¿por que dice usted tantas groserias?
-Mire, para que usted me entienda hay que preguntarnos ¿qué es groserÍa?
GROSERIA es que el salario mínimo de un trabajador sea de $54.00 al día (1,620 al mes) y el de un diputado de $200,000.00 pudiendo llegar con dietas y otras prebendas a $350,000.00
GROSERIA es que un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.
GROSERIA es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca, (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).
GROSERIA es comparar la jubilación de un diputado con la de una viuda.
GROSERIA es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con tres o con seis según el caso y que los miembros del gobierno para cobrar la pensión máxima sólo necesiten jurar el cargo.
GROSERIA es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del ISR.
GROSERIA es colocar en la administración a miles de asesores (léase amigotes con sueldo) que ya desearían los técnicos más cualificados.
GROSERIA es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.
GROSERIA es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (y no digamos intelectual o cultural).
GROSERIA es el costo que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, choferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.
GROSERIA es que sus señorías tengan casi cinco meses de vacaciones al año (48 días en Navidad-enero, unos 17 en Semana Santa —a pesar de que muchos de ellos se declaran laicos— y unos 82 días en verano).
GROSERIA es que sus señorías cuando cesan en el cargo tengan un colchón del 80% del sueldo durante 18 meses.
GROSERIA es que ex ministros, ex secretarios de estado y altos cargos de la política cuando cesan son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del erario público.
GROSERIA es que se utilice a los medios de comunicación para transmitir a la sociedad que los funcionarios sólo representan un costo para el bolsillo de los ciudadanos...
GROSERIA es que nos oculten sus privilegios mientras vuelven a la sociedad contra quienes de verdad les sirven. Mientras, ¿hablan de política social y derechos sociales?
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miércoles, 23 de febrero de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
La Ciudad de Tokio
2301 980 08
Anne Marie Mergier
La ciudad de Tokio hace 65 años sólo era ruinas. Hoy es una megápolis anclada en el siglo XXI.
Con 30 millones de habitantes en su zona metropolitana, sus rascacielos, su publicidad omnipresente y su ritmo desenfrenado las 25 horas del día, los siete días de la semana.
Es una capital sin límites, barroca, surrealista, de ciencia ficción, de tiras cómicas.
Verdadero desafío urbanístico, Tokio creció fuera de toda planificación al ritmo de la compraventa de terrenos cada vez más caros. Hoy un metro cuadrado en el selecto barrio de Ginza cuesta 200,000 dólares...
Resultado: un formidable caos arquitectónico, en el que todo es posible: una torre de 60 pisos al lado de casas particulares, edificios ultravanguardistas de vidrio, acero, mármol o baldosines al lado de austeras construcciones de concreto o divertidas copias de estilos europeos; inmuebles anchos, estrechísimos, cuadrados, triangulares, redondos, ovalados, rectos, estrañamente torcidos; edificios dorados, plateados, totalmente negros, de un blanco inmaculado, transparentes, cubiertos de espejos, con colores chillones; avenidas anchas e imponentes entre las que serpentean callejuelas llenas de flores y restaurantes minúsculos... Un delirio.
Tokio refleja hasta la caricatura a ese Japón pujante, tecnológico y consumista que intriga tanto al mundo entero.
Las cajas automáticas hablan: agradecen, piden más dinero, se despiden con voces sensuales. Los semáforos cantan: un timbre melodioso impide cruzar la calle, otro permite hacerlo. Todo el mundo obedece...
Hay teléfonos de larga distancia en cada esquina, fax públicos en las estaciones del metro y distribuidores automáticos por doquier. Venden de todo: botellas de whisky, galones de cerveza, latas, comida, cigarros, bolsas, cepillos de dientes, máquinas de afeitar, paraguas...
Gigantescas pantallas y tableros electrónicos inundan la ciudad con informaciones: noticias relevantes, previsiones metereológicas, problemas de tránsito, tasa de dióxido de carbón y de azufre en la atmósfera, consejos para mantener la ciudad limpia... y anuncios publicitarios.
En la capital del libre mercado la publicidad impone su ley.
Y todo se vale para atraer al cliente. Larguísimos rótulos verticales cuelgan de casi todos los edificios. De noche convierten calles y avenidas en extravagantes selvas de neón.
En la entrada de las tiendas, vendedores con micrófonos y equipos de sonido arengan a los paseantes. Sus gritos se confunden con la música estridente de otros comercios, los frenazos de un mar de coches, motos, bicicletas, sirenas policiacas y el ruido sordo de inmuebles, trenes y metros, cuyas vías parecen suspendidas en el aire.
En una plazuela escondida entre rascacielos, se ve una vitrina insólita: es un estudio de radio expuesto a la vista de todos. Patrocinado por marcas de discos y de zapatos, un periodista entrevita a un cantante de "hard rock" japonés, cuya pinta estrambótica haría palidecer a Michael Jackson.
Enfrente de la vitrina: punks, señoras de edad con su kimono tradicional, madres de familia, escolares con uniformes, se codean divertidos. Saborean jugos de fruta que les regalan edecanes con minifaldas, contratadas por un supermercado.
Justo al lado, las aguas de una fuente modernísima bailan al ritmo de un vals de Strauss gracias a una marca de relojes electrónicos, mientras un globo aerostático pasea silenciosamente por el cielo el nombre de una conocida firma automovilística.
El vender, comprar y consumir es la aspiración, la obsesión casi la enfermedad de buena parte de la inmensa clase media japonesa.
Inolvidable espectáculo el de esas multitudes compactas, vidas, acorazadas con tarjetas de crédito, cargadas con bolsas de todo tamaño, que día tras día, inclusive los domingos, recorren los interminables pasillos de las grandes tiendas y de los centros comerciales de Tokio para comprar, comprar, comprar.
-¿Pero qué comprar los japoneses?
-De todo.
-¿Y por qué compran tanto?
- En general, todos acaban por reconocer que compran porque la sociedad en la que viven necesita que lo hagan y los empuja a hacerlo... Dificil escapar.
-Hay comercios por doquier. Todo se vende en cualquier parte a cualquier hora. El servicio de entrega a domicilio es el más desarrollado del mundo. El cliente es el rey.
Vértigo ante esa invitación permanente, insistente, a comprar más y más y más, como si sólo eso contara en la vida.
El virus del consumismo ataca a los japoneses desde muy temprana edad. El mercado "quinceañero" esta en plena expansión y los adolescentes de Tokio tienen su propio barrio de compras: Jarajuku.
Tiendas de ropa, discos y juguetes. Heladerías y "Big Burgers". Colores fluorescentes y Madonna. Vendedores apenas salidos de la infancia. Ningún adulto.
Malestar ante esos niños de diez o quince años con uniformes escolares, seriecitos, que se pasean de tienda en tienda con sus elegantes bolsas en la mano, comparan precios y calidad, discuten y pagan con expresiones de adultos.
Los japoneses dedican cada vez más tiempo y energía al "shopping"
¿Hasta dónde llegarán? ¿Están irremediablemente condenados a consumir? ¿A eso lleva una sociedad altamente desarrollada...?
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Anne Marie Mergier
La ciudad de Tokio hace 65 años sólo era ruinas. Hoy es una megápolis anclada en el siglo XXI.
Con 30 millones de habitantes en su zona metropolitana, sus rascacielos, su publicidad omnipresente y su ritmo desenfrenado las 25 horas del día, los siete días de la semana.
Es una capital sin límites, barroca, surrealista, de ciencia ficción, de tiras cómicas.
Verdadero desafío urbanístico, Tokio creció fuera de toda planificación al ritmo de la compraventa de terrenos cada vez más caros. Hoy un metro cuadrado en el selecto barrio de Ginza cuesta 200,000 dólares...
Resultado: un formidable caos arquitectónico, en el que todo es posible: una torre de 60 pisos al lado de casas particulares, edificios ultravanguardistas de vidrio, acero, mármol o baldosines al lado de austeras construcciones de concreto o divertidas copias de estilos europeos; inmuebles anchos, estrechísimos, cuadrados, triangulares, redondos, ovalados, rectos, estrañamente torcidos; edificios dorados, plateados, totalmente negros, de un blanco inmaculado, transparentes, cubiertos de espejos, con colores chillones; avenidas anchas e imponentes entre las que serpentean callejuelas llenas de flores y restaurantes minúsculos... Un delirio.
Tokio refleja hasta la caricatura a ese Japón pujante, tecnológico y consumista que intriga tanto al mundo entero.
Las cajas automáticas hablan: agradecen, piden más dinero, se despiden con voces sensuales. Los semáforos cantan: un timbre melodioso impide cruzar la calle, otro permite hacerlo. Todo el mundo obedece...
Hay teléfonos de larga distancia en cada esquina, fax públicos en las estaciones del metro y distribuidores automáticos por doquier. Venden de todo: botellas de whisky, galones de cerveza, latas, comida, cigarros, bolsas, cepillos de dientes, máquinas de afeitar, paraguas...
Gigantescas pantallas y tableros electrónicos inundan la ciudad con informaciones: noticias relevantes, previsiones metereológicas, problemas de tránsito, tasa de dióxido de carbón y de azufre en la atmósfera, consejos para mantener la ciudad limpia... y anuncios publicitarios.
En la capital del libre mercado la publicidad impone su ley.
Y todo se vale para atraer al cliente. Larguísimos rótulos verticales cuelgan de casi todos los edificios. De noche convierten calles y avenidas en extravagantes selvas de neón.
En la entrada de las tiendas, vendedores con micrófonos y equipos de sonido arengan a los paseantes. Sus gritos se confunden con la música estridente de otros comercios, los frenazos de un mar de coches, motos, bicicletas, sirenas policiacas y el ruido sordo de inmuebles, trenes y metros, cuyas vías parecen suspendidas en el aire.
En una plazuela escondida entre rascacielos, se ve una vitrina insólita: es un estudio de radio expuesto a la vista de todos. Patrocinado por marcas de discos y de zapatos, un periodista entrevita a un cantante de "hard rock" japonés, cuya pinta estrambótica haría palidecer a Michael Jackson.
Enfrente de la vitrina: punks, señoras de edad con su kimono tradicional, madres de familia, escolares con uniformes, se codean divertidos. Saborean jugos de fruta que les regalan edecanes con minifaldas, contratadas por un supermercado.
Justo al lado, las aguas de una fuente modernísima bailan al ritmo de un vals de Strauss gracias a una marca de relojes electrónicos, mientras un globo aerostático pasea silenciosamente por el cielo el nombre de una conocida firma automovilística.
El vender, comprar y consumir es la aspiración, la obsesión casi la enfermedad de buena parte de la inmensa clase media japonesa.
Inolvidable espectáculo el de esas multitudes compactas, vidas, acorazadas con tarjetas de crédito, cargadas con bolsas de todo tamaño, que día tras día, inclusive los domingos, recorren los interminables pasillos de las grandes tiendas y de los centros comerciales de Tokio para comprar, comprar, comprar.
-¿Pero qué comprar los japoneses?
-De todo.
-¿Y por qué compran tanto?
- En general, todos acaban por reconocer que compran porque la sociedad en la que viven necesita que lo hagan y los empuja a hacerlo... Dificil escapar.
-Hay comercios por doquier. Todo se vende en cualquier parte a cualquier hora. El servicio de entrega a domicilio es el más desarrollado del mundo. El cliente es el rey.
Vértigo ante esa invitación permanente, insistente, a comprar más y más y más, como si sólo eso contara en la vida.
El virus del consumismo ataca a los japoneses desde muy temprana edad. El mercado "quinceañero" esta en plena expansión y los adolescentes de Tokio tienen su propio barrio de compras: Jarajuku.
Tiendas de ropa, discos y juguetes. Heladerías y "Big Burgers". Colores fluorescentes y Madonna. Vendedores apenas salidos de la infancia. Ningún adulto.
Malestar ante esos niños de diez o quince años con uniformes escolares, seriecitos, que se pasean de tienda en tienda con sus elegantes bolsas en la mano, comparan precios y calidad, discuten y pagan con expresiones de adultos.
Los japoneses dedican cada vez más tiempo y energía al "shopping"
¿Hasta dónde llegarán? ¿Están irremediablemente condenados a consumir? ¿A eso lleva una sociedad altamente desarrollada...?
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miércoles, 26 de enero de 2011
Feminicidios
D8015 01B 26
Marta Lamas
Asesinatos brutales ocurren cotidianamente a lo largo y ancho del país.
Para poder frenarlos es necesario precisar qué los provoca.
Se ha dicho que los feminicidios son una especie de cacería de mujeres, producto del odio misógino.
Tal vez en muchos casos sí, pero una antropóloga, Rita Laura Segato, vuelve compleja esa hipótesis cuando propone dejar de pensar los faminicidios como crímenes en los que el odio hacia la víctima es la predominante y, en lugar de eso, los plantea como una forma de intelocución entre miembros de una fratría.
Sin negar la misoginia presente en el ambiente donde esos crímenes tienen lugar, Segato ve a la víctima como el desecho de un proceso donde esos asesinatos son las exigencies -el recio a pagar- para pertenecer a una siniestra hermandad.
Ejecutar a una mujer sirve para sellar un pacto de silencio, capaz de garantizar la lealtad inviolable a una cofradía mafiosa.
Por eso Sagato llama a estos asesinatos "crímenes de corporación" o de "segundo Estado", definiendo por corporación al grupo o red que administra los recursos, derechos y deberes propios de un Estado paralelo, establecido firmemente en la región. O sea, la mafia de los poderes fácticos, como los cárteles de narco.
Una lectura equivocada respecto a estos crímenes impide reflexionar sobre la problemática social en que se ubican, y el machismo sesga las interpretaciones.
Cuando en Ciudad Juárez los asesinatos de mujeres empezaron a cobrar notoriedad, hubo autoridades que declararon que esas víctimas eran prostituta o mujeres fáciles, que llevaban una vida desordenada, que bebían y provocaban con el vestido.
Al parecer pensaban que el hecho de que no fueran "mujeres decentes" disminuía la responsabilidad gubernamental de investigar, resolver y frenar esos crímenes.
Los asesinatos fueron aumentando de año en año, ante la indiferencia e incompetencia de las autoridades judiciales, policiacas y políticas.
Sólo cuando el escándalo internacional fue imparable se empezaron a preocupar más por su reputación y la de Ciudad Juárez que por las propias mujeres y futures víctimas.
Desde hace tiempo se sabe que en otras entidades federativas crece la comisión de estos crímenes espantosos y, sin aprender del caso de Ciudad Juárez, las autoridades muestran un presionante desinterés.
El escándalo ahora es en el Edomex, donde supuestamente hay más mujeres asesinadas que en Ciudad Juárez.
Más que preocuparse por esclarecer qué expresa esa sinistra carnicería, las autoridades locales consideran que la petición a la Segob y al Inmujeres por parte de 90 investigadoras y 43 ONG de 18 estados de la República de que se ponga la "alerta de género" en el Edomex tiene fines electorales, y se resisten a aceptar que se investiguen los hechos.
Además, siguiendo el prejuicio machista, el procurador Alfredo Castillo ha dicho que las víctimas han sido asesinadas porque "consumen droga, alcohol o usan inhalantes", además de que "trabajan en bares en los que alternan con los clientes".
Hace años compare la forma en que las autoridades inglesas manejaron el caso de cinco asesinatos de mujeres en Ispwich.
Cinco trabajadoras sexuales aparecieron muertas, probablemente a manos de un asesino serial.
El Reino Unido entero se conmocionó, pero lo que interesó púbicamente fue si la policiá sería suficientemente eficaz para encontrar al asesino antes de que matara a más mujeres.
Nadie declaró que "ellas se lo buscaron" ni se moralizó sobre los riesgos del trabajo sexual; al contrario, algunos editorialistas criticaron el hecho de que se hubiera hablado de la muerte de "cinco prostitutes", en vez de "cinco mujeres".
Y mientras se capturaba al asesino, las autoridades pidieron a las trabajadoras sexuales que no circularan de noche e inauguraron una inédita política pública: darles el dinero y la droga que conseguirían en la calle, para que no salieran de sus casas.
El asesino fue detenido una semana después.
¡Qué manera de responsabilizarse de sus ciudadanas!
Lejos estamos en México de actitudes así de civilizadas.
Pero es indispensable que las autoridades, todas, de todos los partidos, en todas las entidades federativas, tomen en serio el aterrador crecimiento del número de feminicidios.
Para prevenir y perseguir más eficazmente estos asesinatos hay que cambiar el enfoque interpretativo y aceptar mecanismos preventives como "alerta de género".
En lugar de ofenderse o de sospechar oscuros motives electorales, las autoridades del Edomex deberían no solo aprovechar la "alerta de género", sino tambilén rectificar públicamente la interpretación machista que hizo su personal judicial.
La batalla por la seguridad de todos, no solo de las mujeres, sera larga y compleja.
Pero frente a este tipo específico de asesinatos se requiere no solo de una major investigación policial, sino también utilizar los instrumentos de intervención preventiva que darán resutados a mediano y largo plazo.
En eso consiste la "alerta de género".
Se necesita verdadera voluntad política para resolver los crímenes y detener su repetición.
La cerrazón arrogante machista -esa sí definitivamente electorera- del gobierno de Peña Niesto solo complica más las cosas.
¿A qué sera que le teme?
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Tomado de PROCESO 1786 (23/ene/2011)
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Marta Lamas
Asesinatos brutales ocurren cotidianamente a lo largo y ancho del país.
Para poder frenarlos es necesario precisar qué los provoca.
Se ha dicho que los feminicidios son una especie de cacería de mujeres, producto del odio misógino.
Tal vez en muchos casos sí, pero una antropóloga, Rita Laura Segato, vuelve compleja esa hipótesis cuando propone dejar de pensar los faminicidios como crímenes en los que el odio hacia la víctima es la predominante y, en lugar de eso, los plantea como una forma de intelocución entre miembros de una fratría.
Sin negar la misoginia presente en el ambiente donde esos crímenes tienen lugar, Segato ve a la víctima como el desecho de un proceso donde esos asesinatos son las exigencies -el recio a pagar- para pertenecer a una siniestra hermandad.
Ejecutar a una mujer sirve para sellar un pacto de silencio, capaz de garantizar la lealtad inviolable a una cofradía mafiosa.
Por eso Sagato llama a estos asesinatos "crímenes de corporación" o de "segundo Estado", definiendo por corporación al grupo o red que administra los recursos, derechos y deberes propios de un Estado paralelo, establecido firmemente en la región. O sea, la mafia de los poderes fácticos, como los cárteles de narco.
Una lectura equivocada respecto a estos crímenes impide reflexionar sobre la problemática social en que se ubican, y el machismo sesga las interpretaciones.
Cuando en Ciudad Juárez los asesinatos de mujeres empezaron a cobrar notoriedad, hubo autoridades que declararon que esas víctimas eran prostituta o mujeres fáciles, que llevaban una vida desordenada, que bebían y provocaban con el vestido.
Al parecer pensaban que el hecho de que no fueran "mujeres decentes" disminuía la responsabilidad gubernamental de investigar, resolver y frenar esos crímenes.
Los asesinatos fueron aumentando de año en año, ante la indiferencia e incompetencia de las autoridades judiciales, policiacas y políticas.
Sólo cuando el escándalo internacional fue imparable se empezaron a preocupar más por su reputación y la de Ciudad Juárez que por las propias mujeres y futures víctimas.
Desde hace tiempo se sabe que en otras entidades federativas crece la comisión de estos crímenes espantosos y, sin aprender del caso de Ciudad Juárez, las autoridades muestran un presionante desinterés.
El escándalo ahora es en el Edomex, donde supuestamente hay más mujeres asesinadas que en Ciudad Juárez.
Más que preocuparse por esclarecer qué expresa esa sinistra carnicería, las autoridades locales consideran que la petición a la Segob y al Inmujeres por parte de 90 investigadoras y 43 ONG de 18 estados de la República de que se ponga la "alerta de género" en el Edomex tiene fines electorales, y se resisten a aceptar que se investiguen los hechos.
Además, siguiendo el prejuicio machista, el procurador Alfredo Castillo ha dicho que las víctimas han sido asesinadas porque "consumen droga, alcohol o usan inhalantes", además de que "trabajan en bares en los que alternan con los clientes".
Hace años compare la forma en que las autoridades inglesas manejaron el caso de cinco asesinatos de mujeres en Ispwich.
Cinco trabajadoras sexuales aparecieron muertas, probablemente a manos de un asesino serial.
El Reino Unido entero se conmocionó, pero lo que interesó púbicamente fue si la policiá sería suficientemente eficaz para encontrar al asesino antes de que matara a más mujeres.
Nadie declaró que "ellas se lo buscaron" ni se moralizó sobre los riesgos del trabajo sexual; al contrario, algunos editorialistas criticaron el hecho de que se hubiera hablado de la muerte de "cinco prostitutes", en vez de "cinco mujeres".
Y mientras se capturaba al asesino, las autoridades pidieron a las trabajadoras sexuales que no circularan de noche e inauguraron una inédita política pública: darles el dinero y la droga que conseguirían en la calle, para que no salieran de sus casas.
El asesino fue detenido una semana después.
¡Qué manera de responsabilizarse de sus ciudadanas!
Lejos estamos en México de actitudes así de civilizadas.
Pero es indispensable que las autoridades, todas, de todos los partidos, en todas las entidades federativas, tomen en serio el aterrador crecimiento del número de feminicidios.
Para prevenir y perseguir más eficazmente estos asesinatos hay que cambiar el enfoque interpretativo y aceptar mecanismos preventives como "alerta de género".
En lugar de ofenderse o de sospechar oscuros motives electorales, las autoridades del Edomex deberían no solo aprovechar la "alerta de género", sino tambilén rectificar públicamente la interpretación machista que hizo su personal judicial.
La batalla por la seguridad de todos, no solo de las mujeres, sera larga y compleja.
Pero frente a este tipo específico de asesinatos se requiere no solo de una major investigación policial, sino también utilizar los instrumentos de intervención preventiva que darán resutados a mediano y largo plazo.
En eso consiste la "alerta de género".
Se necesita verdadera voluntad política para resolver los crímenes y detener su repetición.
La cerrazón arrogante machista -esa sí definitivamente electorera- del gobierno de Peña Niesto solo complica más las cosas.
¿A qué sera que le teme?
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Tomado de PROCESO 1786 (23/ene/2011)
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sábado, 1 de enero de 2011
Citas de Hipócrates
D8030 01B 01
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Hipócrates, ( -460? a Ë-377); médico griego.
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• La madre del conocimiento es la ciencia; la opinión cría ignorancia.
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• Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina.
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2 citas de 9 de Hipócrates
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Hipócrates, ( -460? a Ë-377); médico griego.
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• La madre del conocimiento es la ciencia; la opinión cría ignorancia.
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• Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina.
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2 citas de 9 de Hipócrates
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lunes, 13 de diciembre de 2010
En Concreto... Los Romanos
0030 724 24
Hace muchos años casi todas las viviendas se hacían de madera. Sólo unas cuantas eran de piedra. Como recuerdo de aque-llos tiempos en Trondhjem, Noruega, existe una hermosa catedral que fue construida en su totalidad de madera. También en Noruega, existe la hermosa iglesia de Gol que data del año 1200, fue hecha por los últimos vikingos, que aún creían en sus viejas deidades, como se pude ver en los adornos de dicha iglesia. Actualmente, en algunos países, donde existen muchos árboles aptos para la construcción, se siguen haciendo cabañas de madera.
La piedra natural, como material para la construcción, es poco práctica, debe ser cortada y modelada, labores que hacen bastante caro a este material, pero afortunadamente, el hombre descubrió la manera de crear piedras artificiales vertiendo, en un molde, una mezcla de arena, piedras machacadas o grava, cemento y agua. Después de un cierto tiempo la mezcla solidifica volviéndose durísima y el bloque queda listo para la construcción. Desde luego la arena, la grava y el agua nunca se unen y forman una piedra por sí solos. Lo que los une y endurece es el cemento. Por sus características el concreto ofrece ciertas ventajas con respecto a otros materiales de construcción, tales como la madera y la piedra, pues se moldea y trabaja fácilmente.
El cemento moderno es un polvo hecho de cal y arcilla que se calientan en un horno especial casi hasta que se derriten, quedando en forma de fragmentos que se trituran quedando un polvo que es el que nos venden en bultos de 50 kilogramos.
Los romanos tenían una especie de cemento con el que hacían concreto. El cemento actual aún no es tan bueno como el de los antiguos romanos, como lo prueba el Panteón, en Roma, mandado construir por Agripa en el año 27 antes de nuestra era, y que después de un incendio fue mandado restaurar por Adriano en el año 120 de nuestra era, ha desafiado al tiempo sin daños, y a partir del año 609 en la iglesia de Santa María de los Mártires, abierta al culto en esa bellísima ciudad.
Después de los romanos, el uso del concreto fue olvidado por el mundo hasta que John Smeaton lo descubrió en 1756, estrenando su descubrimiento en la construcción del Faro de Edystone en la costa sur de Inglaterra.
En 1824, otro inglés de nombre Joseph Aspdin, patentó un tipo de cemento al que nombró Portland porque pensó que su aspecto era muy similar a las rocas de la región del lugar de ese nombre, al sur de Inglaterra.
Aunque el cemento Portland es sólo uno de los muchos tipos de cemento que se conocen, es el más importante para la construcción debido a su resistencia y durabilidad. Este cemento al ser amazado con agua solidifica, diciéndose entonces que el cemento fragua. El fraguado dura alrededor de una hora, y una vez terminado, la resistencia del cemento aumenta en forma lenta y progresiva. El proceso de endurecimiento dura meses y años, pero, al cabo de 28 días de terminado el fraguado, el material alcanza un 70% de la máxima resistencia que adquiere durante su vida útil.
Los grandes edificios de ahora usan muy poca madera. Esta no tendría la solidez suficiente para sostenerlos. Para apoyar el enorme peso de un rascacielos hace falta concreto y acero.
La primera casa construida con acero fue en 1886. En la actualidad muchos edificios altos tienen estructura de acero que les sirve a manera de esqueleto. En la mayoría de los edificios, los pisos son sostenidos por miles de varillas de acero que se extienden de columna a columna. Todas estas varillas están empotradas en el concreto que forma los pisos y evitan que el concreto se rompa bajo la carga. El concreto es muy sólido si tiene algo en que apoyarse, pero se quiebra en dos si lo tienden en aire entre dos columnas, por eso necesita que las varillas de acero lo sostengan.
El primer edificio de concreto reforzado, o sea de acero y concreto, que se construyó en la ciudad de México, fue en 1903, en la avenida Juárez, fue el de la Secretaria de Relaciones Exteriores, mismo que fue demolido a fines del año de 1964, para dar paso a la ampliación del Paseo de la Reforma. La estructura de concreto estaba en perfectas condiciones, después de más de 60 años de uso continuo.
Durante el tiempo en que el general Jara fue Secretario de Marina, se hicieron investigaciones para hacer barcos de concreto. Por desgracia dichos experimentos fracasaron. Mucha gente se burlaba de los esfuerzos que se hicieron en ese sentido. Sin embargo, en los Estados Unidos siguieron trabajando en base a esa idea, logrando un concreto muy flexible llamado ferrocemento. Los yates fabricados con este concreto son muy apreciados.
Para finalizar diré que el concreto que se emplea para los diferentes usos tales como columnas o castillos, puentes, represas, carreteras, cisternas, bóvedas catalanas, etc., depende de la proporción de cemento en el concreto, influyendo sobre su resistencia. Cuanto mayor es la proporción de cemento, mayor es la resistencia.
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Hace muchos años casi todas las viviendas se hacían de madera. Sólo unas cuantas eran de piedra. Como recuerdo de aque-llos tiempos en Trondhjem, Noruega, existe una hermosa catedral que fue construida en su totalidad de madera. También en Noruega, existe la hermosa iglesia de Gol que data del año 1200, fue hecha por los últimos vikingos, que aún creían en sus viejas deidades, como se pude ver en los adornos de dicha iglesia. Actualmente, en algunos países, donde existen muchos árboles aptos para la construcción, se siguen haciendo cabañas de madera.
La piedra natural, como material para la construcción, es poco práctica, debe ser cortada y modelada, labores que hacen bastante caro a este material, pero afortunadamente, el hombre descubrió la manera de crear piedras artificiales vertiendo, en un molde, una mezcla de arena, piedras machacadas o grava, cemento y agua. Después de un cierto tiempo la mezcla solidifica volviéndose durísima y el bloque queda listo para la construcción. Desde luego la arena, la grava y el agua nunca se unen y forman una piedra por sí solos. Lo que los une y endurece es el cemento. Por sus características el concreto ofrece ciertas ventajas con respecto a otros materiales de construcción, tales como la madera y la piedra, pues se moldea y trabaja fácilmente.
El cemento moderno es un polvo hecho de cal y arcilla que se calientan en un horno especial casi hasta que se derriten, quedando en forma de fragmentos que se trituran quedando un polvo que es el que nos venden en bultos de 50 kilogramos.
Los romanos tenían una especie de cemento con el que hacían concreto. El cemento actual aún no es tan bueno como el de los antiguos romanos, como lo prueba el Panteón, en Roma, mandado construir por Agripa en el año 27 antes de nuestra era, y que después de un incendio fue mandado restaurar por Adriano en el año 120 de nuestra era, ha desafiado al tiempo sin daños, y a partir del año 609 en la iglesia de Santa María de los Mártires, abierta al culto en esa bellísima ciudad.
Después de los romanos, el uso del concreto fue olvidado por el mundo hasta que John Smeaton lo descubrió en 1756, estrenando su descubrimiento en la construcción del Faro de Edystone en la costa sur de Inglaterra.
En 1824, otro inglés de nombre Joseph Aspdin, patentó un tipo de cemento al que nombró Portland porque pensó que su aspecto era muy similar a las rocas de la región del lugar de ese nombre, al sur de Inglaterra.
Aunque el cemento Portland es sólo uno de los muchos tipos de cemento que se conocen, es el más importante para la construcción debido a su resistencia y durabilidad. Este cemento al ser amazado con agua solidifica, diciéndose entonces que el cemento fragua. El fraguado dura alrededor de una hora, y una vez terminado, la resistencia del cemento aumenta en forma lenta y progresiva. El proceso de endurecimiento dura meses y años, pero, al cabo de 28 días de terminado el fraguado, el material alcanza un 70% de la máxima resistencia que adquiere durante su vida útil.
Los grandes edificios de ahora usan muy poca madera. Esta no tendría la solidez suficiente para sostenerlos. Para apoyar el enorme peso de un rascacielos hace falta concreto y acero.
La primera casa construida con acero fue en 1886. En la actualidad muchos edificios altos tienen estructura de acero que les sirve a manera de esqueleto. En la mayoría de los edificios, los pisos son sostenidos por miles de varillas de acero que se extienden de columna a columna. Todas estas varillas están empotradas en el concreto que forma los pisos y evitan que el concreto se rompa bajo la carga. El concreto es muy sólido si tiene algo en que apoyarse, pero se quiebra en dos si lo tienden en aire entre dos columnas, por eso necesita que las varillas de acero lo sostengan.
El primer edificio de concreto reforzado, o sea de acero y concreto, que se construyó en la ciudad de México, fue en 1903, en la avenida Juárez, fue el de la Secretaria de Relaciones Exteriores, mismo que fue demolido a fines del año de 1964, para dar paso a la ampliación del Paseo de la Reforma. La estructura de concreto estaba en perfectas condiciones, después de más de 60 años de uso continuo.
Durante el tiempo en que el general Jara fue Secretario de Marina, se hicieron investigaciones para hacer barcos de concreto. Por desgracia dichos experimentos fracasaron. Mucha gente se burlaba de los esfuerzos que se hicieron en ese sentido. Sin embargo, en los Estados Unidos siguieron trabajando en base a esa idea, logrando un concreto muy flexible llamado ferrocemento. Los yates fabricados con este concreto son muy apreciados.
Para finalizar diré que el concreto que se emplea para los diferentes usos tales como columnas o castillos, puentes, represas, carreteras, cisternas, bóvedas catalanas, etc., depende de la proporción de cemento en el concreto, influyendo sobre su resistencia. Cuanto mayor es la proporción de cemento, mayor es la resistencia.
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Cita (Juliano Carrillo)
D0384 0BA 18
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Juliano Carrillo Alonso, (1929 ==] 2006); ingeniero y profesor mexicano.
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• No pregunto, porque si pregunto, me involucro, y si me involúcro, me cuesta.
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1 cita de 2 de Juliano Carrillo Alonso
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Juliano Carrillo Alonso, (1929 ==] 2006); ingeniero y profesor mexicano.
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• No pregunto, porque si pregunto, me involucro, y si me involúcro, me cuesta.
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1 cita de 2 de Juliano Carrillo Alonso
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domingo, 12 de diciembre de 2010
El Mole
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Sonia Iglesias y Cabrera
El mole que todos comemos y tenemos como platillo nacional, sea cual fuere su preparación y presentación, requiere como ingrediente indispensable y fundamental al inigualable chile, sin cuya existencia no podríamos elaborar uno de los guisos más tradicionales y antiguos de nuestra gastronomía, y parte integrante de cualquier festividad social o religiosa.
La palabra chile proviene del náhuatl chilli. Este ají, o pimienta de las Indias como lo nombraron algunos cronistas, tuvo su origen y se domesticó en el Continente Americano. Pertenece al género Capsicun de la familia de las Solanáceas. Existen cinco especies domesticadas y treinta mil silvestres o espontáneas. Parece ser que todas ellas tuvieron un antecedente común procedente del centro de Bolivia, que por razones desconocidas llegó a la zona de Mesoamérica, donde evolucionó como especie domestica, a la que conocemos actualmente como Capsicum annum. El investigador Long-Solís nos dice:
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...Pero además se puede hacer otra separación del chile domesticado, basada en el color de las flores y que produce tres grupos: dos de flores blancas y uno de flores moradas. Un grupo de flores blancas está compuesto por el Capsicum annum, el C. frutescens y el C. chinense, con bastante similitud entre sí. El otro conjunto de las flores blancas está representado por el Capsicum bacatum. Asimismo, existe otra especie, el Capsicum pubescens de flores moradas, que por sus diferencias morfológicas o de forma, es separada de los dos grupos. (Long-Solís: 1986.35)
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Las variedades Capsicum annum y Capsicum pubescen, son las que tradicionalmente se han cultivado en México. Para su cultivo se requiere de un clima templado, ya que no soportan ni el calor ni el frío extremos. En las zonas templadas y en las regularmente frías, se siembran en almácigos y luego se trasladan a los sembradíos. Generalmente en chile se autofecunda. Cuando la corola se abre, frecuentemente el estigma ya ha sido fecundado por su propio polen. La cosecha de chile se inicia después de transcurridos unos ochenta o ciento cuarenta días –dependiendo del tipo de chile- cuando los frutos están maduros.
En tiempos precortesianos, los chiles más utilizados por los aztecas para preparar sus guisos de molli fueron: largos, anchos, grandes verdes, pequeños verdes, rojos, pequeños secos, tonalchilli o chile del sol, cuauhchilli o chile de árbol, chiltécpitl o chile pulga, chilcoztli o chile amarillo, milchilli o chile de milpa, y tzincuayo.
Pero aparte de este uso primordial gastronómico, los aztecas emplearon al chile como moneda de trueque y como uno de los elementos más codiciados del tributo que debían pagar los pueblos sojuzgados al Huey Tlatoani.
Tanta importancia tuvo el chile para los mexicas que existió una deidad a la que se festejaba con ofrendas y sacrificios, Se llama Tlatlauhqui Cíhuatl Ichiltzintli; es decir, Señora Roja del Respetable Chile.
Con este sagrado fruto, se preparaba una serie de guisados que cumplia dos funciones: por un lado, era la base de la comida cotidiana, las salsitas de chile con o sin carne u otra cosa, se comían todos los días; pero por otra parte, los guisados eran ofrecidos a los dioses en algunos de sus rituales festivos, como un alimento cuyo principal ingrediente era de procedencia divina.
Tan común fue el mole que incluso había vendedoras en los mercados dedicadas exclusivamente a la venta de guisados.
Fray Bernardino nos relata:
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La que vende cazuelas hechas con chile y tomates suele mezclar lo siguiente: ají, pepitas tomates, chiles verdes y tomates grandes, y otras cosas que hacen los guisados muy sabrosos; tienen también por oficio vender asados, y carne asada debajo de tierra, y chilmolli de cualquier género que sea, y otros guisados... (Sahagún: 1992.567)
Además, los guisados preparados con preparados con chilmolli estaban destinados a la mesa de los nobles y poderosos señores, como platillos de excelsa calidad.
En cuanto al mole como alimento destinado a los dioses, tenemos por ejemplo que en el sexto mes Etzalqualiztli, se efectuaban los sacrificios en honor de los diosecillos tlaloques, entre los que se incluía el ayuno sacerdotal de cuatro días, pasados los cuales, el quinto, el ayuno se rompía y todos comían el potaje de frijoles llamado etzalli, y el chimolli que los familiares de los sacerdotes les traían ex profeso de sus casas. Asimismo, para la fiesta dedicada a Macuilxóchitl en los altares domésticos se ofrendaba al dios con cajetes conteniendo chilmolli, acompañados por platos repletos de tamales. Y sobre todo, entre los alimentos otorgados a los muertos en los cinco meses en que se les rendía pleitesía, aparecían los sabrosos moles preparados por las mejores cocineras. Un ejemplo de ellos son las siguientes:
Mole de pavo con pipián, rojo y tomate.
Mole de chile amarillo.
Chilmolli de chile amarillo y tomates.
Mole rojo con pescado, jitomate y pepita de calabaza.
Mole de ranas con chile verde.
Mole de ajolotes con chile amarillo.
Mole de renacuajos con chiltécpitl.
Mole de pescados colorados con chiltécpitl.
Mole de hormigas con chiltécpitl.
Mole de gusanos de maguey con chiltécpitl.
Mole de camarones con chiltécpitl y jitomates.
Mole de topolli (una clase de pescados) con chiltpecpitl.
Mole de pecesitos blancos con fruta, chile amarillo y jitomate.
Mole de bledos, chile amarillo, jitomate y pepitas de calabaza.
Mole de bledos con chilpécitl.
Mole de bledos con chile verde.
Todos estos moles se cocinaban empleando un utensilio especial que aún conocemos: el molcajete de piedra y su tejolote o “mano” para moler. La palabra molcajete proviene del náhuatl molli, salsa; y de cáxitl, recimiente en forma de escudilla, etimología que vendría a significar “escudilla para hacer salsa”.
Las dos funciones mencionadas del mole, la cotidiana y la ceremonial, han llegado hasta nosotros junto con este delicioso platillo. Hoy en día lo comemos como parte de nuestra comida diaria, en fiestas especiales como las patronales, las bodas o los cumpleaños y, sobre todo, como parte indispensable del banquete que cada año ofrecemos a las ánimas de nuestros difuntos. Es pues, un platillo ceremonial de significación sagrada y religiosa, que no debe ni puede faltar en los altares mortuorios. Aparece en las ofrendas de la gran mayoría de los grupos indígenas y mestizos, adoptando diferentes variedades y formas de guisar. Cada grupo le otorga sus características propias, empleando los ingredientes que les brinda su entorno natural. De tal manera que los moles que se hacen son muchos y muy distintos. Sin embargo, encontramos un mole que se acostumbra ofrecer en la gran mayoría de las comunidades. Lo conocemos con el nombre de mole poblano y es de estirpe netamente mestiza.
Acerca de cómo nació el mole poblano existen dos versiones a cual más de poética. La primera se atribuye a un fraile llamado Pascualillo el haber descubierto la receta de tan legendario platillo. La segunda nos habla de sor Andrea como su inventora. Veamos que nos dice la defensora del fraile llamado Pascualillo el haber descubierto la receta de tan legendario platillo. La segunda nos habla de sor Andrea como su inventora. Veamos que nos dice la defensora del frailecito, cocinera escritora de un libro de recetas específicas del estado de Puebla de nombre María del Castillo.
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Estaba Pascual de lo más atareado en la amplia y luminosa cocina de un convento de Puebla, pues deberían comer aquella mañana altos prelados llegados en México, que visitaban la Angelópolis. Sufría Pascual, el máximo cocinero del convento, de un raro e inusitado ataque de nervios, porque al dulce de leche, que preparaba en enorme perol, le había caído dentro un pan grande de jabón con que uno de los hermanitos galopines aseaba las paredes, cubiertos con bellísimos azulejos de Talavera de Puebla. Este accidente lo puso a tal puso fuera de quicio, que en un violento arrebato, también dejó caer todas las especies y condimentos que había en un alto salcero sobre las cazuelas, donde varios hermosos guajolotes hervían poniendo una deliciosa grasa amarillenta sobre aquel lago. El pobre Pascual cayó de rodillas implorando la ayuda del Altísimo. De pronto ¡Oh, prodigio!, los pavos nadaban en la más aromática y apetitosa salsa que jamás paladar alguno hubiese saboreado. Vinieron todos los galopines a paladear aquello, y las exclamaciones y bendiciones formaban un alegre murmullo en la amplia cocina del convento. Aquello no era nada; lo fue cuando los altos prelados saborearon el manjar de los cielos, porque de los cielos cayó el salsero que contenía el condimento. Pascual fue llamado por los prelados, quienes se hacían lenguas, reservando una más para no dejar de gustar la maravilla. Frente a ellos el cocinerito, con la cabeza baja de humildad, escuchaba los elogios. Pascual fue declarado el mejor cocinero conventual, y a poco recibía del concilio el don más alto con la promesa de ser beatificado...
A la muerte del cocinerito Pascualillo dos arcángeles y mil querubines rodearon su cuerpo, cubierto por rudo sayal, adornándolo con los atributos que todavía luce en las “cocinitas poblanas”. Todavía en estos tiempos las cocineras lo imploran en los momentos de gran prisa: “San Pascual Bailón, atiza mi fogón” (Castillo del: 1961.113-114)
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En cuanto a la segunda versión, la debemos al hombre de la capa, Sebastián Verti, quien nos relata la siguiente historia, acaecida en la Puebla de los Ángeles, ciudad fundada por fray Toribio de Benavente en el año de 1531.
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Fueron las religiosas del beaterio de Santa Rosa, bajo la advocación de Santa Rosa, patrona de Lima, Perú, la primera virgen del continente americano, quien en agradecimiento a su ilustrísima el obispo don Manuel Fernández de Santa Cruz y Sahagún, por haberles construido un convento propio, le dedicaron para el día de su festividad onomástica, un nuevo plato. Sor Andrea, hermana superiora, saca del patio un huaxolotl, el ave legitima por excelencia, y después de varias probaduras descubre el genial adobo que integra la laboriosa receta.
En la fecha señalada, a la hora de las ofrendas, llegan a palacio en donde se festejaba el acto, tres monjas que hacen su aparición solemne: una, al centro, llevando una palangana de madera conteniendo el original condumbio; otra, portadora de una charola con un variado surtido de ricos tamales, para acompañamiento, y la tercera una jarra de pulque fino.
Grande fue la sorpresa que causó tan sorprendente embajada e ipso facto, el regalado dignatario y sus acolitos, arremetían placenteramente y con avidez, con los rezumantes trozos, cuya achocolatada salsa escapaba indiscreta por las comisuras de los labios. (Verti: 1993.121-122)
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He aquí el relato del primer plato nacional por excelencia, tanto por haber nacido en México como por ser autóctonos la casi totalidad de los productos que la integran.
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Sonia Iglesias y Cabrera
El mole que todos comemos y tenemos como platillo nacional, sea cual fuere su preparación y presentación, requiere como ingrediente indispensable y fundamental al inigualable chile, sin cuya existencia no podríamos elaborar uno de los guisos más tradicionales y antiguos de nuestra gastronomía, y parte integrante de cualquier festividad social o religiosa.
La palabra chile proviene del náhuatl chilli. Este ají, o pimienta de las Indias como lo nombraron algunos cronistas, tuvo su origen y se domesticó en el Continente Americano. Pertenece al género Capsicun de la familia de las Solanáceas. Existen cinco especies domesticadas y treinta mil silvestres o espontáneas. Parece ser que todas ellas tuvieron un antecedente común procedente del centro de Bolivia, que por razones desconocidas llegó a la zona de Mesoamérica, donde evolucionó como especie domestica, a la que conocemos actualmente como Capsicum annum. El investigador Long-Solís nos dice:
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...Pero además se puede hacer otra separación del chile domesticado, basada en el color de las flores y que produce tres grupos: dos de flores blancas y uno de flores moradas. Un grupo de flores blancas está compuesto por el Capsicum annum, el C. frutescens y el C. chinense, con bastante similitud entre sí. El otro conjunto de las flores blancas está representado por el Capsicum bacatum. Asimismo, existe otra especie, el Capsicum pubescens de flores moradas, que por sus diferencias morfológicas o de forma, es separada de los dos grupos. (Long-Solís: 1986.35)
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Las variedades Capsicum annum y Capsicum pubescen, son las que tradicionalmente se han cultivado en México. Para su cultivo se requiere de un clima templado, ya que no soportan ni el calor ni el frío extremos. En las zonas templadas y en las regularmente frías, se siembran en almácigos y luego se trasladan a los sembradíos. Generalmente en chile se autofecunda. Cuando la corola se abre, frecuentemente el estigma ya ha sido fecundado por su propio polen. La cosecha de chile se inicia después de transcurridos unos ochenta o ciento cuarenta días –dependiendo del tipo de chile- cuando los frutos están maduros.
En tiempos precortesianos, los chiles más utilizados por los aztecas para preparar sus guisos de molli fueron: largos, anchos, grandes verdes, pequeños verdes, rojos, pequeños secos, tonalchilli o chile del sol, cuauhchilli o chile de árbol, chiltécpitl o chile pulga, chilcoztli o chile amarillo, milchilli o chile de milpa, y tzincuayo.
Pero aparte de este uso primordial gastronómico, los aztecas emplearon al chile como moneda de trueque y como uno de los elementos más codiciados del tributo que debían pagar los pueblos sojuzgados al Huey Tlatoani.
Tanta importancia tuvo el chile para los mexicas que existió una deidad a la que se festejaba con ofrendas y sacrificios, Se llama Tlatlauhqui Cíhuatl Ichiltzintli; es decir, Señora Roja del Respetable Chile.
Con este sagrado fruto, se preparaba una serie de guisados que cumplia dos funciones: por un lado, era la base de la comida cotidiana, las salsitas de chile con o sin carne u otra cosa, se comían todos los días; pero por otra parte, los guisados eran ofrecidos a los dioses en algunos de sus rituales festivos, como un alimento cuyo principal ingrediente era de procedencia divina.
Tan común fue el mole que incluso había vendedoras en los mercados dedicadas exclusivamente a la venta de guisados.
Fray Bernardino nos relata:
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La que vende cazuelas hechas con chile y tomates suele mezclar lo siguiente: ají, pepitas tomates, chiles verdes y tomates grandes, y otras cosas que hacen los guisados muy sabrosos; tienen también por oficio vender asados, y carne asada debajo de tierra, y chilmolli de cualquier género que sea, y otros guisados... (Sahagún: 1992.567)
Además, los guisados preparados con preparados con chilmolli estaban destinados a la mesa de los nobles y poderosos señores, como platillos de excelsa calidad.
En cuanto al mole como alimento destinado a los dioses, tenemos por ejemplo que en el sexto mes Etzalqualiztli, se efectuaban los sacrificios en honor de los diosecillos tlaloques, entre los que se incluía el ayuno sacerdotal de cuatro días, pasados los cuales, el quinto, el ayuno se rompía y todos comían el potaje de frijoles llamado etzalli, y el chimolli que los familiares de los sacerdotes les traían ex profeso de sus casas. Asimismo, para la fiesta dedicada a Macuilxóchitl en los altares domésticos se ofrendaba al dios con cajetes conteniendo chilmolli, acompañados por platos repletos de tamales. Y sobre todo, entre los alimentos otorgados a los muertos en los cinco meses en que se les rendía pleitesía, aparecían los sabrosos moles preparados por las mejores cocineras. Un ejemplo de ellos son las siguientes:
Mole de pavo con pipián, rojo y tomate.
Mole de chile amarillo.
Chilmolli de chile amarillo y tomates.
Mole rojo con pescado, jitomate y pepita de calabaza.
Mole de ranas con chile verde.
Mole de ajolotes con chile amarillo.
Mole de renacuajos con chiltécpitl.
Mole de pescados colorados con chiltécpitl.
Mole de hormigas con chiltécpitl.
Mole de gusanos de maguey con chiltécpitl.
Mole de camarones con chiltécpitl y jitomates.
Mole de topolli (una clase de pescados) con chiltpecpitl.
Mole de pecesitos blancos con fruta, chile amarillo y jitomate.
Mole de bledos, chile amarillo, jitomate y pepitas de calabaza.
Mole de bledos con chilpécitl.
Mole de bledos con chile verde.
Todos estos moles se cocinaban empleando un utensilio especial que aún conocemos: el molcajete de piedra y su tejolote o “mano” para moler. La palabra molcajete proviene del náhuatl molli, salsa; y de cáxitl, recimiente en forma de escudilla, etimología que vendría a significar “escudilla para hacer salsa”.
Las dos funciones mencionadas del mole, la cotidiana y la ceremonial, han llegado hasta nosotros junto con este delicioso platillo. Hoy en día lo comemos como parte de nuestra comida diaria, en fiestas especiales como las patronales, las bodas o los cumpleaños y, sobre todo, como parte indispensable del banquete que cada año ofrecemos a las ánimas de nuestros difuntos. Es pues, un platillo ceremonial de significación sagrada y religiosa, que no debe ni puede faltar en los altares mortuorios. Aparece en las ofrendas de la gran mayoría de los grupos indígenas y mestizos, adoptando diferentes variedades y formas de guisar. Cada grupo le otorga sus características propias, empleando los ingredientes que les brinda su entorno natural. De tal manera que los moles que se hacen son muchos y muy distintos. Sin embargo, encontramos un mole que se acostumbra ofrecer en la gran mayoría de las comunidades. Lo conocemos con el nombre de mole poblano y es de estirpe netamente mestiza.
Acerca de cómo nació el mole poblano existen dos versiones a cual más de poética. La primera se atribuye a un fraile llamado Pascualillo el haber descubierto la receta de tan legendario platillo. La segunda nos habla de sor Andrea como su inventora. Veamos que nos dice la defensora del fraile llamado Pascualillo el haber descubierto la receta de tan legendario platillo. La segunda nos habla de sor Andrea como su inventora. Veamos que nos dice la defensora del frailecito, cocinera escritora de un libro de recetas específicas del estado de Puebla de nombre María del Castillo.
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Estaba Pascual de lo más atareado en la amplia y luminosa cocina de un convento de Puebla, pues deberían comer aquella mañana altos prelados llegados en México, que visitaban la Angelópolis. Sufría Pascual, el máximo cocinero del convento, de un raro e inusitado ataque de nervios, porque al dulce de leche, que preparaba en enorme perol, le había caído dentro un pan grande de jabón con que uno de los hermanitos galopines aseaba las paredes, cubiertos con bellísimos azulejos de Talavera de Puebla. Este accidente lo puso a tal puso fuera de quicio, que en un violento arrebato, también dejó caer todas las especies y condimentos que había en un alto salcero sobre las cazuelas, donde varios hermosos guajolotes hervían poniendo una deliciosa grasa amarillenta sobre aquel lago. El pobre Pascual cayó de rodillas implorando la ayuda del Altísimo. De pronto ¡Oh, prodigio!, los pavos nadaban en la más aromática y apetitosa salsa que jamás paladar alguno hubiese saboreado. Vinieron todos los galopines a paladear aquello, y las exclamaciones y bendiciones formaban un alegre murmullo en la amplia cocina del convento. Aquello no era nada; lo fue cuando los altos prelados saborearon el manjar de los cielos, porque de los cielos cayó el salsero que contenía el condimento. Pascual fue llamado por los prelados, quienes se hacían lenguas, reservando una más para no dejar de gustar la maravilla. Frente a ellos el cocinerito, con la cabeza baja de humildad, escuchaba los elogios. Pascual fue declarado el mejor cocinero conventual, y a poco recibía del concilio el don más alto con la promesa de ser beatificado...
A la muerte del cocinerito Pascualillo dos arcángeles y mil querubines rodearon su cuerpo, cubierto por rudo sayal, adornándolo con los atributos que todavía luce en las “cocinitas poblanas”. Todavía en estos tiempos las cocineras lo imploran en los momentos de gran prisa: “San Pascual Bailón, atiza mi fogón” (Castillo del: 1961.113-114)
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En cuanto a la segunda versión, la debemos al hombre de la capa, Sebastián Verti, quien nos relata la siguiente historia, acaecida en la Puebla de los Ángeles, ciudad fundada por fray Toribio de Benavente en el año de 1531.
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Fueron las religiosas del beaterio de Santa Rosa, bajo la advocación de Santa Rosa, patrona de Lima, Perú, la primera virgen del continente americano, quien en agradecimiento a su ilustrísima el obispo don Manuel Fernández de Santa Cruz y Sahagún, por haberles construido un convento propio, le dedicaron para el día de su festividad onomástica, un nuevo plato. Sor Andrea, hermana superiora, saca del patio un huaxolotl, el ave legitima por excelencia, y después de varias probaduras descubre el genial adobo que integra la laboriosa receta.
En la fecha señalada, a la hora de las ofrendas, llegan a palacio en donde se festejaba el acto, tres monjas que hacen su aparición solemne: una, al centro, llevando una palangana de madera conteniendo el original condumbio; otra, portadora de una charola con un variado surtido de ricos tamales, para acompañamiento, y la tercera una jarra de pulque fino.
Grande fue la sorpresa que causó tan sorprendente embajada e ipso facto, el regalado dignatario y sus acolitos, arremetían placenteramente y con avidez, con los rezumantes trozos, cuya achocolatada salsa escapaba indiscreta por las comisuras de los labios. (Verti: 1993.121-122)
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He aquí el relato del primer plato nacional por excelencia, tanto por haber nacido en México como por ser autóctonos la casi totalidad de los productos que la integran.
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